Por Tomás Vilche – Los Bluyines

La primera vez que escuché el primer disco de The Stones Roses debo decir que no me atrapó tanto, pues yo venía escuchando el segundo de ellos, Second Coming (1994), donde suceden otro tipo de cosas, otro sonido y que salió varios años después al clásico debut The Stones Roses (1989). A este lo tenía grabado en medio lado de un casette de 60 minutos, por lo cual no estaba completo y faltaban algunos de los temas más importantes.

Vale decir que Second Coming me había volado la cabeza unos meses antes, sobre todo las guitarras de John Squire de quien aprendí muchísimo tocando arriba de sus solos y copiando gestos. Volviendo al casette, recuerdo estar escuchándolo con atención en un walkman (fines de los ’90 en Comodoro Rivadavia) y quedar atónito con ‘I am the resurrection’ y su zapada final, que también era el final del disco. Esa zapada mágica, que nacía luego de 3.30 minutos de canción pop perfecta, tenía la libertad y el rocanrol que yo necesitaba escuchar.

Además del maestro Squire, estaba Alan “Reni” Wren en la batería, un instrumentista increíble, con un groove único, que mezclaba en sus bases pop psicodélico, punk rock y sobre todo bases de música electrónica bailable, todo tocado por él en su batería acústica. Una imaginación ilimitada, todas las bases distintas y además hacía coros, el único corista de la banda con geniales vocalizaciones. Pero en ese Groove tenía un compañero a su altura, el animal de Garu “Mani” Mounfiel, uno de mis bajistas favoritos de todos los tiempos.

Aplíquele todo lo dicho para Reni, pero con el bajo como instrumento (luego de la separación de Stone Roses, Mani entra como bajista estable en Primal Scream grabando con ellos algunos discos alucinantes e innovadores como Vanishing Point, XTRMNTR o Evil Heat). Y por último, el encargado de la voz y autor de todas las canciones, junto con Squire, el “Mono” Ian Brown. De mis cantantes preferidos, no sé si por sus giros melódicos, por su timbre de voz, su actitud, su carrera solista que continuó inmediatamente después que rompieron los Roses o su onda para encarar la música. Seguramente sea por todo eso junto (y algunas cosas más también, como que es admirador de Babasónicos hace años y les pidió un tema para grabar encima de su voz).

Rock psicodélico, pop psicodélico, beat de pista de baile, sensibilidad pop, actitud rock, todo con música y arte, originalidad y nada de pose. Los Roses son los número uno de Manchester. Cuando tuvieron problemas con su antigua compañía que seguía explotando sus primeros simples, terminaron arrestados los cuatro porque fueron con palos y destrozaron las oficinas. John Squire, además de guitarrista, era el que realizaba las pinturas que luego eran las tapas de sus discos y simples. Tienen experimentos de canciones pasadas al revés con letras al derecho, hitazos que sólo están en simples o en recopilatorios (‘Fools gold’, ‘Something Burning’, ‘Elephant Stone’, ‘One Love’) y un regreso hace pocos años que dejó unos shows por Europa, una documental y un par de canciones nuevas.

Con tan sólo dos discazos, entraron en la historia e inspiraron a miles de personas a hacer sus bandas y tocar rock: Oasis, The Verve y muchísimos más.

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