Por Nicolás Arias

El título del nuevo disco de El Perrodiablo puede dar a primera vista una idea de búsqueda en nuevas dimensiones musicales. Pero ese enfoque se esfumaría a la primera escucha, porque el combo se sigue moviendo como chancho en el lodazal del garage rock. Así pues, el análisis de esa nueva dimensión debe ser interpretado bajo otras posibles perspectivas:

1- Una de ellas puede ser la presentación de una nueva dimensión en lo sonoro, teniendo en cuenta la que quizás sea la traducción definitiva de la potencia de sus vivos a un disco de estudio. Gonzalo “Pájaro” Rainoldi, el técnico de grabación elegido esta vez; pudo captar en el estudio la conexión entre los músicos al profundizar las grabaciones en vivo de la banda, incluyendo en ellas el registro simultáneo del Doma y su voz. De hecho, la alquimia entre The Stooges, New York Dolls o MC5 nunca les salió mejor. Si no fuera por el castellano de las letras, bien podría pasar por un registro de estas bandas estandartes. Es que el cuidado estético del sonido respira un aire viciado empolvado que iría muy bien con una probable edición en vinilo en la New York enquilombada de los ‘70.

2- Una segunda perspectiva indica que, a poco más de 10 años de su irrupción, aún sigue siendo necesaria la otra dimensión que propone la música urgente de El Perrodiablo. La banda  surgió en un contexto donde escaseaba cada vez más el rock and roll distorsionado y visceral. Fue una respuesta natural a los tiempos que corrían. Hoy ¿Sigue siendo necesario ese grito primal? En muchos aspectos (y más allá de lo estrictamente musical) pareciera que sí.  Así; el título no dejaría de ser una nueva reivindicación de las necesidades que tiene el quinteto.

3- Por su parte, la banda expresó que con el sucesor de Cacería (2014) buscan llevar al oyente a otra dimensión frente al contexto apocalíptico que vivimos. ¿El Perrodiablo se volvió de repente optimista y alegre? ¡Ni a palos! Locos pero no boludos, te arrojan este nuevo zarpazo de 9 canciones llenas de pilas y actitud, con un arranque como ‘Mentiras importantes’ que acusa a los mentirosos que pululan por todos lados. Salvo que se lo preguntemos, uno no puede saber los motivos de elección del tracklist; pero que comience con una canción con ese título parecería ser un gesto idóneo de una banda que construye su arte con la bandera de lo honesto en su música.

En definitiva, (casi) nada nuevo bajo el sol: Es sabido que desde hace más de una década El Perrodiablo ladra su verdad y no finge, su prédica es la crudeza del rock primigenio. La otra dimensión es un, laburado, gruñido más en esa dirección.

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