Es curioso pensar en la idea de un pájaro escultor. Los pájaros que más recordemos tal vez sean Piolín o el Pájaro Loco, o ese búho canchero que tenía Harry Potter. Sin embargo Pájaro Escultor, la banda platense compuesta por Aaron Burgos (guitarra), Juan Latrubesse (teclados y voz), Joaquín Izcurdia (batería), Luca Fontela (guitarra) y Vicente Jalil (bajo), dan una apuesta interesante que vale recordar y nos obliga a estar alertas.

El conjunto lanzó “Nuevos rumbos”, un EP que suena como indie-rock y rock clásico con sintetizadores. Alternan ritmos dentro de las canciones, aceleran y desaceleran, y plantan una bandera tan ambiciosa como plagada de confianza en su sonido: “Sé bien que voy a llegar, donde nadie quiere ir.”

“En el camino”, con un título muy a lo Kerouac, es una pieza de las más atractivas del disco, dueña de un tempo bailable con arreglos funky que van y vienen. Una intro perfecta le da el paso al excelente trabajo de los conductores del ritmo: bajo y batería. La voz adolescente de Latrubesse proclama: “Mi cabeza da vueltas por el paisaje. Estoy confundido pero muy seguro.” La canción se funde con un solo visceral que te lleva a borde y te llena de inercia para encarar lo que resta del EP. Excelente trabajo de Joaquin Izcurdia en los platillos, que comanda todo el tema con la soltura de los grandes bateristas. “No hay grandes bandas sin grandes bateristas” cuentan algunos. En esta categoría entonces los chicos de Pajaro Escultor están cubiertos.

El track número dos es el que le da nombre al disco: “Nuevos Rumbos”. La canción tiene el pulso de un rock tranquilo bien clásico, con arreglos agudos y teclas que disrumpen. El estribillo narra el quiebre de una relación con una síntesis perfecta: “Pero siento que en tu barco me hundo, aunque sea yo el que me confundo, y hoy busco otra cosa, así que tomo un nuevo rumbo.”

“Lo que me ayuda a despertar” arranca de mayor a menor, con un ritmo movido y un bajo arrollador. Luego aparece una guitarra ahogada de delays que toma intensidad cuando irrumpe la voz aguda de Latrubesse.

La guitarra toma protagonismo en “Siere”, un tema que tranquilamente son dos canciones. Una primera conducida por un arreglo de guitarra, como una zapada de sala de ensayo. Los chicos de Pájaro Escultor generan el clímax necesario para dar paso al resto del tema. Un tratado por la naturaleza o la confesión de un ser poderoso y celestial que en su soledad canta: “Veo la comunidad, hay tanto ruido, tantos cabellos ¿Por qué se hacen tan mal entre ellos?”

“Ocaso” paradójicamente es la encargada de empezar a concluir “Nuevo rumbos”. Delays, coros y fondos hacen a la canción de sonido más clásico del tema. “¿Dónde guardarás tus secretos hoy? En la arena los pies te sangrarán.”

“Vía G” es un viaje. Un paseo instrumental a toda la virtud de Pájaro Escultor. La guitarra se pone furiosa y entre violeros alternan fraseos que parecen hablarte al oído. Los fondos aportan la vibración justa para entrar en un estado de trance.

Los chicos de Pájaro Escultor no llegan a los 20 años y sin embargo no tienen ninguna inocencia en su música. Lejos están del pop-rock adolescente. Su apuesta es contundente, y con tan solo seis canciones aciertan en muchas más cosas de las que desaciertan. Sonido prometedor y un espectro musical interesante a tener en cuenta.

Por Matías Angelini

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