Muerte al Tio Cosa pone una distancia a su pop-rock adolescente y bailable de Prima Berta (2014) y nos trae El Colapso, un disco completo, que puede nadar entre Smitten y Two Door Cinema Club con la misma precisión indie que acostumbran, regalando grandes estribillos marcados por el desamor, la espera y las preguntas que todos asumimos alguna vez: ¿por qué no encontró en mi el calor?

A través de diez canciones la banda platense surgida en 2011 nos propone melodías pop que no salen de nuestra cabeza, pero que no se olvidan de la canción y del rock. Armados con un sonido Fender indudable, guitarras precisas y sintetizadores que te envuelven en sus redes, Muerte al Tío Cosa propone un viaje completo. Uno de esos discos que se escuchan en modo automático y sin saberlo, se apoderan de uno.

Sara, el primer track de la placa, nos invita a través de un bajo hipnotizante como minimalista a tatarear durante tardes enteras un estribillo tanto pegadizo como real: “Ya no creo más en Sara. Sus palabras duelen mas que la verdad”.

La espera y La liebre se sumergen en lo más profundo de un indie de guitarras, al estilo de Undercover Martyn, con una batería precisa y visceral. “Busqué una canción que me hable de vos, y no la encontré”. Tal vez sea ésta la razón por la cual “El Colapso” necesitó ver la luz.

Uno de los puntos más altos de este disco es sin duda La fórmula de todo, una canción que va de menor a mayor, comandada por un arpegio exacto que te lleva al precipicio de un estribillo beat y enamorado, obligándote a saltar y gritar visceralmente: “Vos hacés vivir a mi imaginación. Sos la fórmula de todo, la fórmula de todo”.

En Presente, el disco toma un respiro con una canción midtempo comandada por las percusiones. Gregorio Jauregui entrega el bajo para colgarse un Tom y junto a una batería tapada, regalan una melodía triste con una letra aún más, que en la cálida voz de Jauregui logra destilar aunque sea un poco optimismo. Una canción que crece lentamente, para sumerguirse sobre el final en un remolino de golpes y coros, atravesados por un solo tan simple como exquisito.

El grito de Felicidad y Calma es desolador: “Puede ser el último día de calma antes de que… llegue la tormenta al lugar y arrase con toda felicidad”. La oscuridad se apodera de Una noche más, portadora de un solo de guitarra digno de Yannis Philippakis. Las ráfagas de sintetizadores envuelven y generan un clima lisérgico, plagado de psicodelia.

La canción folk y acustica no podía fallar y el conjunto nos brinda en Pupilas marinas una letra poética y dulce, distinta a todo el álbum: “Y en el mar nadan los peces. Desangelados buscan amor”. La energia regresa en Desencanto, con un pulso new age de sintetizadores y de una batería animosa que catapulta hacia un estribillo decidido: “Cantaré mis rimas con el alma destruída, y vos vivirás tus días lidiando con pesadillas”

Sara sin duda debe haber valido la pena, porque vuelve a ganarse el protagonismo en el cierre perfecto que encontró Muerte al Tio Cosa para su disco. En Cenizas, lo que pareció ser un gran amor, ya no está. “Que ya no importe nada, que ya no importe nada, Sara”. Guitarras furiosas, desangeladas, una bateria rabiosa y una locura de sonidos cierran “El Colapso”. Un disco que nos pone en un lugar en el que todos hemos estado y que narra el desamor con una frescura indie que nos llena de ilusión.

Por: Matías Angelini

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