Por Juan José Llano Oyarzún

Elegir una palabra compuesta por términos dispares no es fácil, pornofonía no dice nada hasta que terminás de escuchar los más de treinta minutos del EP debut de MOL. Un juego sexual entre una gama de sonidos; desde un funk apegado al rock, la lectura del blues argentino, guitarras de stoner y un toque de heavy metal, todo a simple apreciación. Seis canciones que replantean la manera de interpretar el funk en La Plata.

Por si solo, Pornofonía es una obra que toma atributos de los mejores momentos de los Red Hot Chili PeppersBlood Sugar Sex Magic y One Hot Minute– y ocupa el rango vocal de Franco Celadilla como cual blusero porteño. Los primeros minutos de ‘Funkstone’, track que abre el álbum, busca la conexión entre esos ritmos que parecieran no tener un nexo, tan distantes en la línea musical y con Mol parecieran que siempre estuvieron juntos.

El trío platense, que suma a Ignacio Prieto en el bajo y Agustín Gulayin en batería, logra crear una atmosfera de que todo es una zapada con la consola grabando sin aviso. La naturalidad y los espacios que abarcan, con soltura, demuestran que los casi dos años entre que armaron el grupo y editaron su primer material, no fueron en vano.

Aunque el disco en momentos se vuelve monótono, la inquietud musical que va adquiriendo, sobre todo en pasajes como ‘Hasta los huesos’ y ‘Crónicas’, atesoran la sorpresa en los cambios de ritmos. Mantener una base funky, con un groove que replica a Earth, Wind & Fire y una línea de bajo como guía espiritual, desenvuelve aún mejor las ideas musicales de los platenses.

En ocasiones, un LP tiende a tener una extensión en minutos igual o menor a Pornofonía y ahí está el punto clave: este EP suena más a un álbum tal cual que a una simple primera pincelada de lo que pueden hacer. Si es así, lo que vendrá en adelante es prometedor, más con el trajín que implicará las presentaciones de la banda en el futuro próximo y las ideas que flotarán para, lo que sea pronto, nuevo material de Mol.

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