Muchas bandas crecieron en Pura Vida. Pero sin duda una de las más icónicas es Valentín y los Volcanes. La banda y el emblemático bar nacieron, ambas, en 2008, y desde allí no pararon. Los platenses llevan lanzados tres discos de estudio – el último salido en diciembre del 2015 – y su carrera parece no tener techo. El bar, a fuerza de trabajo y voluntad, se convirtió en uno de los lugares más representativos del under nacional desde Cemento.

El sábado pasado, Los Volcanes y Pura Vida se reencontraron después de mucho tiempo. En una fecha organizada por el sello Triple R, junto a Manager Capitalista y los uruguayos de La Mujer Pájaro, el conjunto de la ciudad de las diagonales volvió a subirse al escenario ‘Federico José Moura’ para regalar un show revival lleno de canciones de sus dos primeros álbumes.

Con su saludo habitual de “Hola amigos”, Jo Goyeneche se asentó en el escenario junto a la banda y comenzaron el show con Costanera, canción dueña de un pulso tan retro que enamora. A esta le siguió La Tumba de los Rolling Stones, primer track de su último disco: “Una Comedia Romántica”. Canción tan intrépida como para pedir un film en donde mueran los Stones, pero tan seductora como para lograr que todos los presentes sigan a su inconfundible riff con sus coros. Las teclas de Pablo Perazzo aparecieron en El tonto, donde todos se prendieron en el baile del pegadizo estribillo: “Chicos, chicos con pasado. Chicas, chicas con futuro”.

“Ésta se la saben”, advertía Goyeneche y comenzaba Los Chicos de Orense, en lo que sería una seguidilla de temas clásicos de la banda. Piedras al lago y Pequeña Napoleón vendrían después, convirtiéndose en uno de los puntos más altos de la noche.

El siempre sonriente Ficu Baigorri comandaba desde la batería uno de los himnos de la banda: Rayos del verano. “Los quiero ver a todos bailando”, agitaba Nico Kosinski, mientras soplaba el humo de un cigarrillo recién prendido. La inercia que tomaba el show era impresionante, y tema tras temazo, había que bajar algunas vueltas. Así aparecía El gran hombre del planeta, de su primer disco, “Play al viejo Walkman Blanco”. El grito de Goyeneche se fundía entre los platos, mientras las guitarras volvían a tierra y se apagaban.

Pararrayos, que no era tocada en público desde el año pasado, y Baila conmigo, fueron las encargadas de empezar a concluir el recital. En una regresión casi necesaria, el primer disco de la banda volvía a sonar con el mismo espítitu del comienzo. Las guitarras de Goyeneche y Kosinski tomaban el primer plano.

“Quedan dos canciones”, afirmaba Jo, escueto y simpático como siempre. Y la atención pasó hacia Kosinski, que con un gesto seguro y alegre decía: “Queremos agradecer a Pura Vida, que es nuestra casa. Nos reencontramos con muchos amigos”. Solo quedaba 100.000 reflejos, himno tenue y poesía pura del disco “Todos los sábados del mundo” y el tema del gran riff, Parque cerrado. “Gracias amigos, nos veremos pronto”, se despedía Goyeneche. Se despedía como quién se va de viaje pero vuelve pronto y con una cercanía especial. En la que cada aficionado y cada oyente, es un amigo más.

Por Matías Angelini
Foto: Valentín y los Volcanes

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