Los géneros, en cual ámbito se piense, están para ser modificados con las influencias futuras que el tiempo otorgue. El director dice acción, un disparo atraviesa una botella de bourbon y la cantina se vuelve un festín de viejos cowboys, trajes de karate y sangre. El momento lo armoniza un sexteto tras el bar, escondidos en la esquina, junto al baño. Quentin Tarantino detiene el estudio, a la banda le pide que sigan. El homenajeado es el blues, el rock and roll cruzado con la psicodelia en “Rockdelia Guitarra” (2016 – Mandarinas Records), un estruendo de guitarras con el flujo volátil del teclado y un sello espacial, la particularidad de Los Bluyines.

Las primeras grandes décadas de la música se encuentran colisionando en “Manicomio Club”, canción que da el puntapié inicial con tintes del surf rock, recordando en espíritu a The Beach Boys, aunque con la fuerza del blues de Los Ratones Paranoicos. La voz de Tomás Vilche recrea un juego fantasmal mientras grita “Allí estás, esperando morir de amor/mirando los días que pasan en soledad”, encerrado en una habitación acolchada, con una camisa de fuerza. A diferencia de “Rock and Roll” de Led Zeppelin, en “Magia” van directo a la guitarra. Un blues más duro, donde aparece por vez primera la armónica de Martín “Chavo” Romero, quien le da al disco esa frescura clásica. Un tema rápido, bailable en vivo y con las violas “encendiendo fuego, otra vez”.

El primer corte de difusión del álbum fue “Caminando”, en octubre pasado, con un inicio de guitarra que recuerda a “El Amor Espera” de Charly García. Los paisajes stoneros van asomando aunque se despejan con la textura en las teclas de Julián Rossini. No hay que dejar de lado la prosa de Tomás junto a María Coria, quien colabora con su puño en el LP (“Sos mi debilidad/necesito un poco más/solo así resucitaré”). En la búsqueda de influencias, uno que siempre estará será Gustavo Cerati, quien aparece en “Alucinados”. Un viaje especial de principio a fin, con las violas de Vilche y Marco Dómini dibujando un amanecer en una isla tropical. Uno de los puntos altos del disco, donde la melodía necesita la atención del otro y el clímax dentro de la historia que se ha narrado desde la primera canción.

Los homenajes son constantes en el disco y quien le da su nombre –en un juego de palabras- es “Rock de la Guitarra”, una oda al instrumento que le da vida al álbum, como también quien acompaña al blusero en su vida, tal como lo hiciera Pappo en “Blues para mi Guitarra”. En una constante batalla entre cuerdas rockanroleras y psicodélicas (“Y yo sigo intentando/nuevas notas/nuevos colores eléctricos”). El cambio llega en los últimos minutos de la canción, cuando el bajo de Sergio Caparelli –quien ya no está en la banda- rasga el funk con la complicidad de Imanol Sánchez en la batería. El tema que mejor demuestra la capacidad sonora del grupo, con la crudeza y la limpieza de la distorsión.

Con la sincronía del golpe de Sánchez, arranca “María”, una declaración de amor por parte de Tomás. Una melodía tranquila que va mutando en el sonido característico del disco, variadas texturas en las guitarras y la armónica del Chavo que entrega un aura distinta, una calma aparente. Entre el “Exile on main Street” de los Rolling Stones y un espectro de cuerdas a Johnny Cash, asoma “La Distancia”, donde el instrumento de viento por excelencia del blues, tiene una melancolía de prisión. Bajando el telón, está “Bestial (ojos que soñaban)”, cinco minutos donde mezclan todo el recorrido que hicieron en Rockdelia Guitarra, un resumen de rock and roll afilado y psicodelia de fondo, con un mensaje claro al final “Somos animales puros/bestias de fuego en este mundo que se consume hasta el fin”.

El 25 de mayo, mismo día en que Argentina celebraba los 206 años de la revolución y la independencia, el grupo decide subir a internet su primer larga duración –tras el EP “El Tiempo Vuela” (2013)-, grabado durante el 2014 y con arreglos adicionales entre el año y medio siguiente. Blues y rock and roll, guitarras que nunca dejan de hablar en los treinta y cuatro minutos que dura el álbum. La mezcla psicodélica, sin dejar de lado el alma, la armónica. Destacado el arte que hizo Santi Pozzi con la tapa del disco y que esperemos pronto verlo en formato físico, sea en CD o vinilo, inclusive en cassette, para que el homenaje a la música sea así completo.

POR JUAN JOSÉ LLANO OYARZÚN

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