Las religiones occidentales han dicho que existe una trinidad bajo el rostro de un Dios, en nuestro universo también. El blues, el rock and roll y el soul entregados por manos negras, de ritmos calientes y cadenas olvidadas, son el cuerpo que constituye la biblia de Las Armas Bs. As. y que muestran en su primer larga duración, Vol. I (2015 – independiente). Un viaje a través de una de las venas de la provincia, la Ruta 29, y el sonido de un trío que dice “acá estamos, con nuestras camisas narco”.

Ramiro García Morete, Joaquín Inza y Ezequiel Gómez Santa María, entran para refrescar este nuevo mundo en la escena argentina. Por eso, en su disco debut, ingresan al primer round con dos jab directos, “Camisa narco” y “El próximo día”. La guitarra chirreando de Ramiro y su voz rasposa, exclaman “Todos los golpes que planeamos / Yo los daré en la carretera” en un viejo auto por la ruta provincial, con una guayabera entreabierta y creyendo ser Pablo Escobar. En el segundo golpe, la garganta de García no da tregua, con una letra que baja como un adiós con mezcla de hasta luego.

Los primeros segundos de “Señor” los entrega Ezequiel, con una línea de bajo que retumba en el oído, como un cross que aturde al rival: lo tambalea pero no logra derribarlo. Las baquetas de Joaquín acompañan a la perfección el camino que hace Ramiro por el traste, creando una atmósfera de iglesia mientras buscan la sanidad de sus almas (Señor, ruego a tu inmensa compasión / Por favor, que purgues este corazón del amor, ese amor). Mientras que en “Frente a Frente” te remiten a Lazaretto, el último disco de Jack White, con una guitarra que se multiplica para ocupar todo el espectro sonoro. Cerrando el golpe con “Malasia”, una historia de desamor e ídolos, sueños y frustraciones, un manifiesto honesto.

En este acto, el ring se silencia, nadie se mueve. El luchador se para en la mitad del cuadrilátero mientras desciende un micrófono, las luces tenues lo apuntan y habla directo, sin dar vueltas en “Conversaciones sobre el tiempo”, un soul íntegro y sencillo. Este momento se quiebra con la sátira y el humor negro de “Jesús” (Quisiera dormir en los brazos de Jesús / Pero los tiene picados), ya con un rock and roll más pesado, un ritmo más rápido que los aleona para el tramo final del disco. Con “Dandy bonaerense” vuelven a la ruta, al viaje de regreso al pueblo y las paradas para comer en las parrillas, con los Ratones Paranoicos de soundtrack.

Algo tiene “La miseria de Dios” que va más allá de la interpretación del título o la letra: el pulso que va tomando la canción al final del segundo estribillo. Un paisaje oscuro, que hace retroceder a series de los ochenta o esas baladas más rockeras, con ese riff de Ramiro que se transforma en un solo de saxo. En “La otra esquina del planeta”  da la sensación de que es Alex Turner el que empezará a cantar y que García te hace olvidar. El trío en esta canción explota como si fueran cinco integrantes.

Con el uppercut en destino, el cierre del disco tiene una tríada perfecta, “Elvis de la terminal”, “Pastillas” y “Aprendiz”, esta última con la colaboración en los bronces de Juan Canosa en trombón (Illya Kuryaki and The Valderramas) y Juan Fantaguzzi en trompeta (Falsa Cubana), para cerrar el disco con un sonido más de blues de Chicago, donde los vientos entran a jugar en el momento preciso, no sobran nunca. Crochet al costado y nocaut.

Vol. I es un constante paisaje de imágenes, como las que se mezclan en el collage de la carátula del disco. Toman las figuras sagradas de la iglesia para reírse en sus actos, cada canción es eso, un capítulo de este primer libro. Un thriller bonaerense arriesgado, donde el trío platense dice estar presente y que no soltará esta oportunidad. Un trabajo impecable el que hizo Pedro Bedascarrasbure en la producción de las trece canciones, no dejando ninguna hablando sola, sino que con una dinámica indiscutible. Esta es la primera batalla de Las Armas Bs As, calibraron los instrumentos y ganaron. Sólo queda escuchar, disfrutar y volver a ese viejo rock and roll.

Por Juan José Llano Oyarzún

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