En octubre de 1986 el segundo disco de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota salía a las calles. En ese entonces yo era un gurrumín de ochos meses. Este mes se cumplen 30 años de Oktubre, el disco con el que entré a Los Redondos.

Tic tac efímeras, algunas instantáneas de mi vida paralela.

Oktubre 1: Recuerdo que de niño, en mi añorado pueblo de provincia nos comíamos el verso del quilombo ricotero[1]. Por poco Los Redondos encarnaban al diablo. Estaban los pibes mayores que los escuchaban, pero esos estaban-en-la-joda-nene. Yo prefería la versión casi angelical[2] de Soda Stereo. A mi vieja le gustaba Cerati, le regalé el MTV Unplugged para un día de la madre.

Oktubre 2: Por suerte cuando ingresé en la adolescencia una novia me introdujo de las narices hacia este disco y, consecuentemente, al universo Redondo. Puso el CD en la compactera y mirándome a los ojos me dijo: “Escucha cómo arranca el primer tema[3]. ¡Me sube una adrenalina! … Garchemos.” Fuegos en octubre. Dicen que “Semen-up” habla de la merca… explicáselo a esos pibes que retozan en su cama hormonal. Porque no olvidemos que el espíritu inicial de Patricio Rey consistía en hacer la revolución a través del goce[4].

Oktubre 3: Hoy “Jijiji” es un himno que es coreado en cualquier lado con un sentido a menudo despojado del original[5]. Ya cansa a veces. Recuerdo que con los pibes del barrio nos habíamos copado con la simpática versión que hizo Árbol[6] y la coreábamos con voz púber. Otras veces un amigo ponía la voz finita y capusotteanamente entonaba: “Motorcito, el mercado de todo amooor”. Nos descostillábamos de la risa.

Oktubre 4: Una tarde en bicicleta casi atropello a Rocambole yendo a los pedos por una vereda de diagonal 73. Cerca de Plaza Rocha. Qué inconsciente.


Oktubre 5:
Haber escuchado tanto un disco tiene sus vaivenes emocionales y debo confesar que por muchos años “Ya nadie va a escuchar tu remera” no me agradaba mucho. Hasta que en un recital borracho en el Centro Social y Cultural Olga Vázquez escuché a Cajale Cazazo tocar un cover de ese tema[1]. La mancomunión delirante que se dio en ese momento cambió mi percepción para siempre. No habré visto a Los Redondos en vivo, pero al menos hice pogo con esa canción en un recinto que mucho tiene que ver con la mística primigenia de la banda. Me doy por hecho.


Oktubre 6:
Hace poco mi hermano menor me regaló una remera de Los Redondos. Tiene el motivo de Último bondi a Finisterre, si. Pero él está en la misma edad que yo tenía cuando me ofrendaron Oktubre.


Oktubre 7:
En una banda que tuve hace muchos años con unos amigos tocábamos “Jijiji”. Recién estábamos empezando a dominar los instrumentos y una noche se nos acercó el violero de una banda amiga. “Están tocando Jijiji con el tempo cambiado, lo acentúan en el segundo golpe en vez del cuarto”, me dijo. “Es que nosotros hacemos nuestra versión. Somos más originales”, le comenté disimulando deficiencias musicales. Igual nuestro guitarrista le mandaba un solo onda flamenco re copado.  

Oktubre 8: Por varios años cada inicio de octubre posteaba el disco o alguna referencia en Facebook. En otros años me renegaba de lo común que era esa iniciativa entre mis contactos y de “rebelde” posteaba October[2] de U2. Divina red social führer.

Oktubre 9: Volviendo al himno, recuerdo que en el casamiento de mi hermana, mi cuñado puso “Jijiji” para el momento en que estábamos cenando. Mientras algunos revoleaban las servilletas cual si fueran La Sole, la canción sonaba en los oídos de la abuela, en el del primito de 3 años y también lo tarareaba el sobrino rockerito que levantaba el labio superior como diciendo “Esta es del palo”. Yo, de contrera que soy nomás, me fui al tipo que pasaba música y le dije: “Mandate De Música Ligera.” Pop violento que guía al gran estilo siniestro. Me pongo jodido en los casorios.

Oktubre 10: Porque sí; hoy Oktubre es popular, súper popular. Pero yo no quiero que lo escuche mi abuela. Hay límites.

Por Nicolás Arias

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