Por Juan José Llano Oyarzún

Desmenuzar el término sobredosis es una tarea sencilla si se lo enlaza a su significado con el excesivo consumo de una droga. Por otra parte, está la que uno puede plantear a partir de ingerir de distintas formas y maneras un “algo”. La Patrulla Espacial, en estos años, hizo lo segundo con su tercer LP y dieron rienda a probar, en abundancia, nuevos sonidos que les permitieron desligarse del rumbo que tenían anteriormente.

Sobredosis (2017, Catedral Discos) funciona como una rehabilitación a los pasajes anteriores del cuarteto, en donde la crudeza del blues y lo psicodélico de fines de los sesenta se hacía notar. En este sentido, la salida de Tomás Vilche –ahora en Los Bluyines– abrió un nuevo espectro sonoro en la banda: arreglos de cuerdas y la limpieza de las guitarras, que siguen sonando garaje, hacen la diferencia.

El inicio de ‘Que no pare’, con ese sutil arreglo de cuerdas, que más adelante es corrompido por ‘Alas de metal’: una introducción que homenajea a esa escuela de metal británica de fines de los setenta y comienzos de la siguiente década. De ahí en más, el álbum adquiere ribetes pesados, aunque el romanticismo mismo de las letras a veces no lo permiten a cabalidad.

‘Corazón de fuego’ es el corte del disco, la canción que calma las aguas por momentos. Una cálida lirica que abraza lo suficiente al receptor para que se sienta impactado con el inicio de ‘Trueno blanco’, un refugio entre las canciones anteriores, tonalidades de Corazón y Alas para un solo track. ‘Nocturno’ es un viaje, constante y simple, desde Birmingham a Buenos Aires, retroalimentación de dos mundos.

La batería apegada a los ritmos electrónicos, el slap del bajo y cómo las guitarras se van entremetiendo en una pieza que llega a parecer una improvisación de jazz, confrontan un mundo alterno para ‘Ecos de neón’, con una prosa precisa y que juega en todo momento. ‘Vertigo’ es un blues sutil, armonioso y que con identidad platense, el cierre perfecto para un álbum de un trabajo intenso, que sube y baja pero nunca deja de impresionar.

Lo construido por La Patrulla Espacial, los tiempos que se dieron para presentar nuevo material y este nuevo aire en la banda, en que el espíritu de uno de los primeros miembros se siente. La llegada de Fernando Naón vino como dedo en el anillo para este tercer disco en más de diez años en los escenarios.

Lo brillante de Sobredosis son los arreglos de cuerdas en determinadas canciones. Loco, es un recurso que no puede pasar desapercibido. Ckuck Berry, de seguro bajará a aplaudirlos.

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