El fuego es uno de los cinco elementos naturales en la cultura oriental, relacionado con la fuerza. El único en dejar en cenizas una historia, el poder de destrucción. Desde esa energía nace Katon, un trío de stoner-rock comandados por Furia (voz y guitarra), Coto Morales (bajo y coros) y Franco Dubois (batería y coros), aunque Roberto Dellavalle estuvo en las cuatro cuerdas en el álbum. Dejando la etiqueta a un costado, manejan un espectro sonoro que incursiona desde el blues a la psicodelia, pasando por el punk y grunge, marcando que no tienen ningún prejuicio a la hora de componer y de las influencias noventeras con las cuales se criaron. En mayo del 2015 mostraron su disco homónimo debut, una placa de seis canciones que contiene una sorpresa en el final.

Invitándonos a su mundo, en el inicio de “Desierto Rojo”, la guitarra afilada de Furia empieza su trabajo. Una base de blues distorsionada con matices psicodélicos, un instrumental onírico que juega con riffs agudos. En medio de la canción, se hace un bache para escuchar los golpes de Franco y abrir un nuevo mundo en el mismo. En “Lobo”, su segundo corte , no sólo escuchamos la viola más stoner, sino que la voz del frontman (“La hermosa luna, en mis ojos/Enfrentando, la realidad”) raspando un aullido a la oscuridad, llamando a la jauría que desgarra en los segundos finales a la presa.

La evolución es una de las características en cada elemento, la llama va en crecimiento como Katon cuando comienza “Radionucleido”, el primer tema que adelantaron en febrero del año pasado. Una prueba de ese abanico que arrastra cada banda, se siente la fuerza de Black Sabbath, Riff y la oscuridad de Kyuss, sobre todo en los golpes de Dubois que recuerdan a los de Josh Homme en su antigua banda. Con el sonido en trance que termina, asimismo empieza “Nahuel”, entregando sensaciones que marcan que fuera grabado en directo en La Puerta del Sol Estudio, perteneciente a Furia. Un segundo instrumental que viene a demostrar la fuerza en la guitarra y el bajo retumbando de Roberto. Un track oscuro, de distorsión precisa y un recuerdo a los sesenta con aires actuales.

Como si fuera una sola canción, se entremezcla con la anterior “Montaña Negra”, arrancando con un primer plano de Furia y mostrando sus capacidades, pasando por la batería más punkera y un bajo que busca unificar los climas. Para cerrar está “Regular Robert”, con recuerdos a lo que fue el debut de Queens of the Stone Age, con las cuerdas robóticas de Homme. La agresividad del trío se refleja en los primeros minutos y en cada frase (“Clan fuego, veneno/plexo solar”). Pasando los cinco minutos de la última pista y el chirrido de la guitarra, se dan un tiempo para el bonus track. Con un sampleo al Bananero, se da comienzo a un jam stoner de 18 minutos. Un cierre redondo para un recorrido que se hace breve aunque deja más que conforme al público.

Entre todos los sonidos que se aprecian en las escuchas, mezclan todo para generar su propia búsqueda. Hacen de la suciedad del grunge y el garaje una virtud. En una entrevista, Furia señaló que las composiciones están en una base de blues y se aprecia, por eso es elogiable este trabajo, donde la figura clásica de la música es modificada a todo ese manto que se fue creando durante las décadas posteriores. Dejaron el corazón, el espíritu del fuego ardiendo en casi una hora del más sincero stoner.

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Por: Juan José Llano Oyarzún

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