Este domingo, el blues platense llegará a uno de sus puntos máximos con la presentación de Juani Saullo & the Homeless Band en el Cosquín Rock 2018.

Juani Saullo tuvo que transitar 20 años la escena del blues para encarar y profesionalizar un proyecto propio. Si bien comparte con el género las características usuales, como remitir a la melancolía, el sentimiento, o contar historias con problemas personales, decidió romper con el prototipo moderno de instrumentos ostentosos y dar lugar a la experimentación y el uso del dobro: una guitarra con resonadores metálicos que tuvo su auge y popularidad en la década del 40’.

“El leitmotiv de este año es que nuestra música le llegue a todo el mundo, no sólo al ambiente blusero o country”

A lo largo del 2017, Saullo brindó más de 150 shows, lanzó Music for the Homeless (2017) -con Joaquín Inza de Las Armas Bs. As. en washboard y elementos de percusión- y recibió el llamado de José Palazzo para compartir grilla en La Casita del Blues del Cosquín Rock con La Mississippi, el guitarrista Carlos Johnson y el colombiano Carlos Elliot Jr. “Se que es una vidriera increíble para nosotros, pero todavía no caigo”, cuenta con una cerveza en la mano, bebida a la que le dedica su amor inconmensurable en “Santa Chicha”, track que da cierre a Rústico (2016).

Si bien tu carrera consta de muchos años en la escena del blues, nunca habías salido de gira con un proyecto personal.

JS: La verdad es que la experiencia fue alucinante. Este verano estuvimos de gira por Tandil, tres días tocando y uno grabando el próximo EP que vamos a sacar y en la costa hicimos Nueva Atlantis, San Bernardo y La Lucila del Mar.

¿Crees que el blues sigue vigente?

JS: Es muy llamativo porque el contenido musical te puede gustar o no, pero un loco tocando una tabla de lavar y otro con una guitarra toda de chapa vende. Ya te compran el 50%, de alguna manera nos prestan atención.

¿Por qué deciden grabar el nuevo EP en el estudio NIDO Records de Tandil?

JS: El productor Gastón Gauna nos vio acá en La Plata, le gustó la onda y nos invitó a grabar sin cobrarnos nada. Al margen de todo eso, es un copado porque le encanta promocionar a los músicos independientes. A donde viaja lleva discos, los vende y habla de ellos. Es como un fetiche romántico.

¿Y en cuanto a lo musical?

JS: Fue todo en corte directo, incluida la voz. No queríamos que se pierda esa calidez a la hora de tocar porque el estilo amerita esa sonoridad, así lo hacían antiguamente. Tampoco grabamos con metrónomo porque íbamos a perder mucho la frescura. Llegamos al estudio a las tres de la tarde y entre charlas y mates entramos a grabar a las siete. Tipo nueve ya teníamos todo cocinado, fueron pocas tomas por temas. Hay tres composiciones mías y un cover.

Me contabas hace un rato que una canción salió en el estudio.

JS: Yo tenía la idea y los chicos se sumaron. Armamos la estructura más o menos y terminó quedando re bien, así que el EP tiene un tema super fresco que nunca fue tocado en vivo. Lo mejor es que la masterización será en un estudio de California.

¿Cómo aparece el Dobro en tu vida?

JS: Yo tengo mis guitarras eléctricas y entre ellas siempre hubo un resonador. Un día empecé a meterme más en el instrumento. Se afina totalmente distinto a una guitarra convencional; son afinaciones abiertas, se toca con estilos como el slide. También empecé a descubrir artistas de los 40’.

¿Ahí empieza toda la movida?

JS: Yo venía de grabar el primer EP con el nombre de Kanna Band -ahora está subido como Juani Saullo / Rústico– con todos músicos amigos que tenían sus proyectos aparte. Entre la transición de la presentación de este EP de seis temas, me quedé solo con el Dobro. Le dediqué tiempo al instrumento y me terminé dando cuenta que era autosustentable: podía tocar tanto solo como acompañado. Fue todo un desafío porque nunca fui un frontman y mucho menos cantante.

¿Cómo se suma Joaquín Inza en washboard?

JS: Es una anécdota muy graciosa. Yo empecé a tocar en los ciclos del Maldito Blues Club. Al principio, había un horario que estaba muerto: el bar habría a las 22hs y hasta las 23:30 que arrancaba la primera banda no había nada. Aproveché ese horario para armar un subciclo de acústicos y de paso me fogueaba con el instrumento. Al tercer viernes, aparece Joaquín y me dice que falta una tabla de lavar. Ahí le digo que el próximo viernes venga a tocar. Al otro día, un poco más frescos los dos, me dice que su tabla estaba rota y que si existía la chance de que yo le preste la mía.

¿Y qué pasó al viernes siguiente?

JS: Vino a tocar y salió re bien. Cuando terminamos y en un acto de sincericidio me dice que nunca había tocado la tabla y que no tenía idea sobre el instrumento. ¡Zarpado!

Pero es evidente que ahora le dedicó tiempo.

JS: Sin dudas. La cuestión es que ahí surgió la relación con Joaquín y al rato grabamos el primer EP Music for the Homeless.

¿Qué significa este trabajo?

JS: Es la presentación de la propuesta musical. Le pusimos así porque homeless en Estados Unidos significa linyera y nosotros, más que nada con Joaquín, empezamos a tocar sin amplificación y a capella en lugares como Pipistrello, es decir, nos convertimos en músicos callejeros. Ahora la formación es Joaquín en washboard y batería, Facundo “el ruso” Daddasio en bajo, Leonardo Marín y guitarra y yo en voz y Dobro. Después hay músicos que van y vienen, tenemos esa versatilidad de poder tocar solo o con más invitados. Hasta llegamos a armar la Homeless Big Band.

¿Cómo llega la propuesta del Cosquín?

JS: Primero fue gracias a todo el laburo que hicimos el año pasado, tocamos en más de 150 shows. También gracias a la chance que me dio este instrumento y los amigos: toqué en la presentación del último disco de La Medianera, me subí con La Cumparsita en Atenas. Hubo mucha visibilidad del proyecto y ahí el productor Mariano Cardozo me invita a participar del Buenos Aires Blues Festival.

Donde casualmente tocaba la banda de Palazzo.

JS: Claro, en el primer día. Esto fue el 18 de noviembre del año pasado en La Trastienda. Tocaron Los Mentidores -donde Palazzo toca el bajo- Willy Crook y Slam Allen como invitado internacional. La cosa era que íbamos a tocar entre banda y banda, adelante del telón. Llegamos al lugar y Cardozo me dice que me prepare un set de cuatro canciones. No sé bien qué pasó, pero terminé tocando antes del cierre internacional, a modo de soporte y a salón lleno.

Y le llamaste la atención al productor del festival de rock más grande del país.

JS: Le dijo a Cardozo que me quería llevar al Cosquín. Mirá, con 20 años de carrera hasta que no me confirman todo yo no creo nada. La cuestión que el 12 de diciembre salía la grilla oficial del festival, y el 11 me llama Palazzo para decirme que me sumaba a La Casita del Blues. ¡Me llamó a mi teléfono! Una locura. Es más, el día de La Trastienda el flaco me filmó y me transmitió en vivo desde sus redes sociales.

¿Alguna anécdota más de ese día?

JS: Mientras tocaba Slam Allen me di cuenta de que mi guitarra había quedado arriba del escenario. Termina, voy a agarrarla y cuando bajo estaba lleno de gente esperando al morocho. Entre eso viene un señor mayor con una señora del brazo y me dice “muy bueno compatriota”. Atrás estaba Cardozo que viene y me avisa “¿viste quién te saludó? Eran Skay y la negra Poli. Nunca me di cuenta, soy 0 cholulo.

¿Qué esperas del Cosquín?

JS: Primero y principal, voy con banda. Vienen Joaquín, el ruso y Leo Marín. Seguro hagamos un repertorio con canciones nuestras, para que nos sirva, y algún cover por la proyección internacional que tiene el escenario. Lo que resulte ahí lo veremos.

¿Cómo sigue el 2018?

JS: Seguiremos tocando y mostrando lo que hacemos en todos los ámbitos posibles. El leitmotiv de este año es que le llegue a todo el mundo, no sólo al ambiente blusero o country. Hace más de 20 años que toco acá y la idea es mostrar lo que hago en la mayor cantidad de escenarios posibles.

Fotos de nota: Úrsula Velado

Por Tomás San Juan
Fotógrafo de tapa: Jorge Caballero

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