Por Nicolás Arias

El saber popular infiere muchas veces que una imagen vale más que mil palabras. La que se incluye en la portada del primer disco de Juan Tenti impacta: Se ve a un hombre de rasgos mediorientales con un avión de guerra desvencijado posado detrás. El individuo sostiene en su mano derecha una jaula con un pájaro encerrado. No se distingue bien al ave, pero paloma no es porque ni rastros de esa alegoría de paz quedan en esa zona candente del planeta. La fotografía pertenece a Simon Norfolk. Nigeriano él, es célebre por sus imágenes donde retrata los escenarios que han sido devastados por los terrores de las guerras.

Con la visualización de esa imagen la percepción queda teñida y las lecturas se anclan en ese simbolismo. Empezando por la referencia histórica que recuerda el título del disco o la intrínseca necesidad de aliados en dichos contextos, ya sea de manera estratégica o solidaria.

Por otra parte, Tenti ya avisó que este disco está inspirado, en parte, por el libro “Las enseñanzas de Don Juan”; más precisamente en el concepto de Aliado como figuración de aquella entidad/poder que tomamos para vivir como guerreros (¿Recuerdan eso de “Un guerrero no detiene jamás su marcha”? ¿Se acuerdan de dónde salió?). Por eso valga la aclaración: Hay posibilidad de que la guerra no haya sido la inspiración para este álbum, pero bien se encuadra como un posible marco interpretativo de algunas aristas del disco. Esto es arte y la interpretación con múltiples ángulos o puertas de entrada es inherente en su recepción.

No hay festejo en este disco. Las composiciones desgranan imágenes conflictivas (Tenti se definió como un contador de cuentos. Y tiene verdaderamente un don para crear viñetas con sus versos). Palabras como destierro o soldado, más frases como “Estalla sangrante sobre el cielo” transitan por este sendero. Lo bélico ya sea en términos territoriales o personales/psicológicos.

Los músicos que acompañan al cantautor están directamente imbricados en la creación climática que deambulan por las ocho canciones. La batería de Oscar Trani juega un rol fundamental en ese sentido con una interesante paleta sonora. Teodoro Caminos aplica su sapiencia en la dirección musical y en varios de los instrumentos grabados que potencian las posibilidades de los tracks.

El tránsito de las melodías circunda por los caminos de la llamada “música popular”. Valsecitos, pasodobles o canciones melancólicas que coordinan adecuadamente con las líricas que describe Tenti, quien con su voz grave le da la entonación que necesitan los relatos. Muestras como ‘El toro de Zaragoza’ son un ejemplo claro de esto, donde se vislumbra la sangre que tiñe la narración que – y para que no queden dudas – exclama en su estribillo la palabra clave: “Popular! Popular! Popular!”.

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