Por Tomás San Juan
Foto: Gentileza de Javier Martínez

“Cuando todo empezó no había casi nada y era todo de mucha calidad. Ahora hay un montón de cosas, pero no se sabe lo que es bueno y lo que no. Tanto en la música como en los medios”. Así comienza su relato Javier Martínez mientras pide, en un café de Congreso, un té con leche y tres medialunas de grasa. El ex Manal tiene 71 años pero posee la energía de un chico que recién empieza en el vasto universo de la música. “Tengo una casa acá en frente y otra en Ranelagh, me voy quedando según lo que tenga que hacer”, cuenta entre bocado y bocado.

“Cuando en el año 80 viajé a Nueva York a comprar una batería para el regreso de Manal, me crucé a Mick Jagger y el tipo estaba ahí porque había decidido estudiar Administración de Empresas. Con eso ya te expliqué todo”

El horizonte del mítico baterista, fundador del rock en español y creador de un estilo único, como es el blues en castellano, presenta un horizonte entusiasta: se encuentra preparando un disco nuevo y, como si fuera poco decir, el 4 de mayo se reúne en el Gran Rex con Claudio Gabis y Alejandro Medina para revivir el fenómeno Manal. “Manal es una banda histórica, fundacional y que dejó una huella indeleble. Los quiero mucho y admiro a los muchachos”, sostiene con una fortaleza cautivadora.

¿Qué me puede contar del momento que está viviendo con su banda?

JM: Venimos trabajando hace tiempo. Ahora estoy haciendo un recorrido de todo el repertorio de mi autoría. Transitan los grandes clásicos y temas de mi etapa solista, incluyendo alguno del disco nuevo que saqué en 2015. Son un montón de años, estilos y canciones. Alguna bien representativa de cada etapa y con eso armamos el concierto.

El último disco que lanzó lo hizo de manera independiente. ¿Qué apreciaciones tiene del trabajo?

JM: No me gusta decirle último disco, es el nuevo. Estoy contento porque me dio gustos. Debuté como intérprete, siempre fui cantautor. Hicimos el tango de Cadícamo en versión jazz y swing. También le di una participación importante al piano. Justo anoche lo estaba escuchando y la verdad es que me gusta mucho. Sobre todo por la diversidad: temas latinos, funk. El homenaje que le hice a Pappo con ‘El Blues de Pappo’. Lo grabamos en 2006 y recién lo editamos hace dos años. No soy un tipo de sacar un disco todos los años.

¿Cómo surgió lo del homenaje al Carpo?

JM: El día que se murió estábamos con Clavito Actis y Pino Callejas en la sala ensayando. Habíamos armado un estudio para grabar en la casa de Pino y llorábamos, como no podía ser de otra manera. Al tercer día de ensayo, dentro de esa tristeza, escribimos el tema. La gente lo adora cuando lo tocamos. Yo no fui a los homenajes de Norberto, me llamó la hermana y le dije que no porque cuando fui a la plaza, donde se lo recuerda todos los años en el cumpleaños, vi demasiado oportunista. El homenaje se lo hago en todos mis shows.

Ahora sigue tocando con Clavito y en la guitarra Marcelo Roascio reemplaza a Pino. ¿Cómo se llevan?

JM: Así es, me llevo muy bien con ambos. La relación humana en las bandas de rock, en general, se complica. El rock tiene eso de grupo cerrado y la mala costumbre de que el entorno se meta, las mujeres de los músicos por ejemplo, que es nefasto, destruye todo.

¿Eso fue siempre así o encuentra diferencias con otras épocas?

JM: Yo pienso que la principal diferencia es que los rockeros, en general, bajaron intelectualmente. Yo he ido a la casa de tipos que no tienen un libro. Y eso marca algo. Marca que vos no pensás. Encerrarse en la música y no abrirse a la vida intelectual, a las otras expresiones artísticas, es empobrecedor y grave.

Y pensar que se habla sobre una desaparición de los libros…

JM: Hace unos años, cuando hablaban de desaparecer los libros, yo decía que estaban locos. ¿Vos te llevás un teléfono para leer algo? Se acaba la batería y no tenés donde enchufarlo. Vos te llevás un libro al fin del mundo. Hay un impulso de idiotizar a la masa en el mundo que existió siempre.

Hoy tocar es un desafío importante para el músico que recién arranca. Hay pocos lugares y muchos empresarios oportunistas.

JM: Es un negocio. Si vos decís que la música se convirtió en un negocio ahora estás loco. Es una percepción equivocada. Siempre lo fue. Todo es un negocio en la vida. Si pensás lo contrario formas una idea que lleva a la catástrofe. Y si pensás que pierde la parte artística sos un boludo. Es una gilada pensar que para ser artista hay que morirse de hambre. Con 55 años de carrera te puedo decir que los tipos que están en el negocio siempre fueron así. No ven las cosas como nosotros.

¿Cómo solucionamos el problema?

JM: Primero siendo realistas. Siempre tratan de pagarte menos y ganar más. Pero lo que falta en este mundo es empatía: ponerte en el lugar del otro. El empresario tiene que mantener el negocio, pagar empleados, poner seguridad. Le tiene que ir bien, invertir en publicidad, que es el error que siempre cometen. Y eso es porque los argentinos están atrasados. Mentalmente hablando. Si te das cuenta los países desarrollados, industriales, saben que lo más importante es la publicidad. Lo más importante en realidad es el producto, pero si no tiene un buen envase y una buena publicidad no se lo vendés a nadie. Después no va nadie al concierto y todos lloran.

El problema principal lo tienen las bandas que recién empiezan.

JM: Es importante tener conciencia, no laburar gratis y no pagar para tocar, que ya es el colmo. Si tocás gratis le haces el juego a los explotadores. Buscá otra manera. No podés ir a un boliche y vender las entradas vos. Que lo haga el tipo, que invierta en publicidad. Los músicos piensan en la música y no en el negocio. Entonces si vos no pensás en el negocio nunca te va a ir bien. Es una idea suicida decir que la guita no te importa.

¿Cree que directamente hay que plantear a la banda como a un negocio?

JM: Dedicar tantas horas al pensamiento musical y ninguna al negocio tiene efectos terribles. Hay que ocuparse de todos los aspectos. Si pensás que por ocuparte del negocio te vendés sos un boludo. En 1980, cuando viajé a Nueva York a comprar una batería para el regreso de Manal, me crucé a Mick Jagger y el tipo estaba ahí porque había decidido estudiar Administración de Empresas. Con eso ya te expliqué todo. Pone un documental y fíjate que le preguntan a Keith Richards sobre las bandas de hoy y el comienza la respuesta diciendo “desde que estoy en el negocio…”. Te dicen la posta. Hay tipos que interpretan lo contrario y eso va en contra del desarrollo de una buena carrera. ¿Cómo pagas los instrumentos, la sala de ensayo? Sos un boludo. Te mereces que te vaya mal.

Hay que buscar nuevas formas de producirse.

JM: Claro. Por ahí te conviene arreglar con clubes, sociedades de fomento. Alquilar un teatro y bancarte vos. No hay que darle importancia a los boliches, buscar caminos alternativos. Los Redondos son un ejemplo. Pero mirá lo que les costó. Cuando querían editar su primer álbum en vinilo, unos empresarios que no voy a nombrar, porque no vale la pena porque son todos iguales, fueron y les dijeron a los industriales que no les vendan los vinilos. Manejos corporativos.

Algo parecido a lo que le viene pasando a Litto Nebbia.

JM: Diría que es increíble, pero increíble sería que no haya pasado lo que le pasó a Litto. Cansado de que durante 25 años no le reediten el material de su autoría lo hace por su cuenta. Ahora Sony le puso una orden a todas las disquerías para que no se vendan. Vos fíjate que la industria nunca estuvo a favor de la música ni del talento. Les importa tres pitos la vida del músico. Sólo quieren hacer plata de cualquier manera: música sin calidad, promocionando artistas de morondanga o inventando artistas que no existen.

Cuando todo empezó, una de las características principales de los músicos era que se acompañaban entre sí y se ayudaban para lo que se necesitara. ¿Cómo lo vive hoy?

JM: No existe más esa unión. Los bolicheros compiten, pero de última se ponen todos de acuerdo para llegar a un fin, son corporativos. Nosotros somos muy individualistas. Hay que aprender del gremialismo. El sindicato más inexistente del país es el de los músicos. Nunca los vi defendiendo a uno. No existe. El futuro sindicato, que lo va a fundar esta generación, estoy seguro, tiene que ser con el principio de que esto es un laburo.

¿Los músicos deberían ser más corporativos?

JM: Nosotros cuando empezamos tuvimos que luchar contra la opinión de que el rock en inglés era el único rock verdadero, tuvimos que defender nuestro idioma y lo logramos porque trabajamos en conjunto. Por ejemplo nos hicimos amigos de La Cofradía de la Flor Solar, a través de Kubero Díaz. Yo iba a La Plata y me quedaba a dormir en la casa de ellos, lo mismo al revés. Un día decidimos ayudarlos a venir a Buenos Aires y los trajimos al Coliseo, ellos después nos llevaron al Atenas. Eso es ser corporativo.

Y ni hablar de prestar instrumentos o cosas…

JM: Eso también. Se rompía algo y se solucionaba. Un día me llamó Pappo diciéndome que al negro Black se le había roto el pedal del bombo y estaban por tocar en Haedo. Le pedí la dirección, me tomé un taxi y se lo llevé. Otra vuelta se nos quemó un equipo, lo llame a Luis Alberto Spinetta y me dijo que vaya ya a Belgrano a buscar el de él.

¿Siempre existió una buena relación entre Manal y Almendra?

JM: Si, intentaron fabricar un Boca-River que no existía. Nos calentamos, fuimos con Daniel Ripoll y le dijimos que era cualquiera porque éramos amigos. Entonces después vino el famoso número de la Pelo donde hicimos la tapa los siete juntos. Pensá que Luis Alberto y yo nos quedábamos tres días seguidos escuchando jazz moderno en el piso de mi casa.

Estuvo en la edición 2017 del Cosquín Rock y fue uno de los primeros en subirse al escenario de los 50 años del rock nacional. ¿Cómo lo vivió?

JM: Ya tengo el culo endurecido. Desde mi lugar lo viví bien y el público me trató con mucho respeto. Se terminaron quejando porque fue corto el show. Igual decidí que para Palazzo no voy a trabajar nunca más y se lo hice saber. Yo tengo un amplio desprecio por la gente que no respeta a los demás. Yo, fundador del rock en Argentina, me hacés tocar en un horario de mierda, con el sol en la cara y me das un tiempo de mierda. Nunca más.

¿Se encuentra componiendo?

JM: Estoy escribiendo un disco completamente nuevo. Un camino muy interesante que no me esperaba. Yo tengo una gran voracidad intelectual, será porque no terminé la secundaria y eso me dio ganas de estudiar. Por esa búsqueda que tengo, un día fui a la biblioteca pública y busqué la palabra Manal en un diccionario enciclopédico. Yo pensaba que no existía, porque la había inventado de un juego de palabras. Resulta que sí existía. El Manal es un instrumento antiguo medieval del norte de España y precisamente, es todo un gran sincronismo, porque mi familia proviene de ese lugar. O sea que ya terminé el poema y se llama El Factor Invisible.  Por estas cosas le digo a los muchachos: cultiven el espíritu. Inspírense en poetas del campo, de la literatura universal y sobre todas las cosas, de la literatura argentina.

¿Menos tecnología y más lectura?

JM: Faltan más encuentros. Entre los músicos digo. Intercambiar ideas, lecturas. Apagar la pantalla y leer. Tenemos escritores maravillosos como Leopoldo Marechal, Roberto Arlt, Jorge Luis Borges. Lo que le está faltando al rock es leer. Mirá los letristas del tango: contenido social, mucha vida. Hay que vivir. Por eso digo que la pantalla es fantástica, lo mismo internet, pero hay que apagar un poco.

¿Qué otras diferencias encuentra en la actualidad?

JM: Eliminaron muchas cosas del escenario. Por ejemplo el telón. Es un error garrafal. Se pierde la magia. A telón abierto la gente me tiene que ver a mí ajustándole una mariposa a un platillo de la batería. Eso protege al artista y cuida la magia. Es como la magia del striptease. ¿Qué gracia tiene si la mina entra vestida? Está bueno cuando se desviste, eso es magia. Yo estoy pensando en inventarme un telón portátil, no puede pasar más eso.

Además ya se ve al artista, pierde la gracia.

JM: Eso es otra cosa. El artista no puede entrar por donde está el público. Han conspirado contra el profesionalismo. Vos te lo tenés que tomar en serio, no sos diferente a un ingeniero o un médico. Sos profesional. Tiene que haber un camarín decente, limpio. Sé que no es fácil, pero las cosas son así.

Esta semana se anunció una función de Manal. El 4 de mayo van a tocar en el Gran Rex. ¿Qué expectativas tiene?

JM: Yo entiendo las expectativas que se generan en la gente y respeto al público. Pero tampoco hay que olvidase de que el artista tiene que ser respetado también. Por ahí es difícil explicarle esto a un fan que te quiere ver contra todas las circunstancias, pero bueno, nosotros también tenemos vidas y cosas. Relaciones humanas, productores. Lo que el público tiene que entender es que Manal es una banda histórica, fundacional y que dejó una huella indeleble. Fuimos tres tipos que inventamos un estilo único: el blues en castellano. Los quiero mucho y admiro a los muchachos, son unos músicos extraordinarios. No hay problemas, las bandas se desarman por diferentes razones que muchas veces son personales, a veces son las necesidades de hacer otra cosa. Pero no fue una ruptura traumática, no se perdió nunca la amistad. El desencuentro existió pero no hizo que dejáramos de saludarnos. A partir de ahí nos podemos juntar y tocar.

Además del gran revuelo en el público general, los músicos están como locos. Fueron influencias de muchas generaciones que vinieron después.

JM: Y… sonidos con distorsión. ‘Que pena me das’ es heavy. En ese momento estábamos inspirados en Cream y The Jimi Hendrix Experiencie. Después inventaron la palabra heavy metal. Pero yo creo que el rock pesado arrancó con nosotros: un bajo oceánico que lo abarca todo, una batería recia y distorsión en las guitarras. Después está el blues, donde tuvimos el origen del estilo. Ahí está la huella.

¿Cuesta mucho trabajo retomar lo que tocaban hace tantos años?

JM: El único trabajo extra es que yo los arreglos de los temas los modifiqué por unos más escuetos. Aquellos tenían más introducción, eran más barrocos y estaban más cargados. Ahora yo tengo arreglos más concretos, sintéticos y adaptados al estilo de esta época. Yo antes tocaba la batería de una manera que estaba influenciado por el jazz-rock moderno, el soul y ahora los separé. Me escribí ayuda-memoria y tendré que tener un atril al lado mío.

¿Qué consejos le daría a un chico que arranca hoy a tocar?

JM: Tres temas: la organización, la droga y ser popular.

Empecemos por lo primero.

JM: ¿Te dedicás a la música? Agarrá un cuaderno. En una hoja poné: música. Ahí escribís todo lo que quieras hacer con esto. Agarrás otra hoja y ponés: todo lo que no es música. Ahí escribís producción, prensa, imagen, sonido, negocio, plata y conexiones. Todo lo que no es música maneja la carrera del músico, es básico. Yo nací con un talento pero también estudio mucho. Además de batero soy guitarrista, aunque no la toque en el escenario. Leo música, compongo con la viola, estudio escalas. Escucho a los mejores bateros del mundo, veo videos. Termino con eso y agarro todo lo que no es música: marketing, sociología, psicología de masas, técnicas de persuasión, publicidad, legislación, técnicas comerciales. Hay que estudiar y no estar en la boludes hippie.

¿Con respecto a las drogas?

JM: No hay que hacerlo. Si tomás drogas cagaste. Creer que la droga puede hacer algo bueno por vos en el arte es una farsa. Las mejores bandas del mundo fueron destruídas por la cocaína. Y fueron destruídas amistades, talentos, familias, economías. Gente arruinada. Te lo digo porque lo viví y lo transité. Me abrí del ambiente clásico del rockero. Es un mundo de pelotudos y no sirve para nada. A mí me pasó con el alcohol. Yo lo negaba pero era alcohólico, pasa que lo manejaba porque aprendí a beber bien y compraba bebida de calidad. Un amigo me mostró la posta y de a poco fui dejando.

¿A qué se refería con ser popular?

JM: Hay que hacer un esfuerzo y hacer canciones que el público entienda. Tiene un doble beneficio, te va a ir bien como artista y le va a gustar a tu público. Hay que entender que el público no escucha la música como nosotros. Igualmente es más difícil hacer una canción simple que compleja. Pero deberían hacerse canciones más simples para atrapar al público. Canciones que canten. Hay que amar a la canción popular porque es linda.

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