Sábado 11 de marzo de 2017. Una fecha que quedará marcada en la historia del rock de nuestro país y que se suma a la lista de, lamentablemente, recitales que terminaron en tragedia. Algunos hablan de 200 mil personas, otros de 300. Otros tantos, de más de 350 mil. Más allá de los números, que dos días después del evento siguen siendo inexactos, dos personas fallecieron en el show que Carlos Alberto Solari brindó en el predio La Colmena de la localidad de Olavarría.

La información que circula tanto en los medios como en declaraciones de protagonistas en las redes sociales, dice que los problemas comenzaron a partir del tercer tema. Muchos de los que asistieron tienen presente que desde el vamos, es decir, desde la llegada a la ciudad, el caos iba a ser inevitable. Horas y horas en la ruta para llegar, una vez más, al fenómeno cultural que denota viajar a un espectáculo de la magnitud que brinda el ex vocalista de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

Alrededor de las 16 hs, una lluvia penetrante comenzaba a indicar que el día iba a estar colmado de situaciones que podrían haber sido evitadas. Más allá de que Olavarría significaba una cuenta pendiente para el Indio (en 1997, el por entonces intendente Helios Eseverri prohibió dos presentaciones ricoteras) la elección del escenario para, posiblemente ejecutar su último show, no fue la más acertada. La población del lugar es de 111 mil personas y se calcula que alrededor de las calles rondaron más de 500 mil. ¿Inesperado? Seguro. A pesar de esto, la planificación falló. Se esperaban entre 150 y 200 mil espectadores.

Alrededor de las 22hs, la multitud enardecida comenzó a saltar y bailar con los primeros acordes de ‘Barbazul vs. El amor letal’. La misa ricotera llegaba a su punto culmine con un arranque distintivo. Le siguieron ‘Porco Rex’, ‘Arca Monster’ y ‘Chau Mohicano’, hasta que vino uno de los primeros parates de la noche. A los 30 minutos del show, Solari pidió que “por favor no se peleen porque hay gente desmayada y hay que sacarla” y “se corran dos metros para atrás porque hay gente tirada en el piso”. La preocupación del cantante era indisimulable.

Luego de 20 minutos de silencio, decidió continuar y el setlist se empezó a teñir de ricota. Uno atrás de otro, casi sin respirar: ‘Ropa Sucia’, ‘Héroe del Whisky’ y ‘Etiqueta Negra’. Análogamente, otra vez una interrupción. “Dale que acá hay doscientas mil y pico de personas y los de adelante no pueden respirar. Habíamos quedado en que nos cuidábamos”, avisó el músico.

Una vez más, tanto a los organizadores como al propio líder popular, la situación se les escapó de las manos. La gente era mucha y no se entendía nada de lo que estaba pasando. Para colmo, en la última torre de sonido un grupo de hombres se trepaba para intentar disfrutar el show desde un mejor plano. La cosa se estaba descontrolando.

Luego de otra seguidilla de clásicos de su etapa con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, que incluyó canciones como ‘Babas del Diablo’, ‘A los Pájaros que Cantan Sobre las Selvas del Internet’, ‘Había una vez’, ‘A la luz de la Luna’ y ‘Pedía Siempre Temas en la Radio’, se paraba para escuchar algo de carácter social y político. En primer lugar, reconociendo el incansable trabajo de las Abuelas de Plaza de Mayo: “Hace 40 años que las abuelas están buscando a los nietos de desaparecidos, si tenés dudas, ellas los van a ayudar a encontrar su identidad”.

“Por otro lado, están pensando en bajar la edad de imputabilidad a 14 años y estadísticamente son ínfimos los resultados para que esto funcione; lo que están haciendo es una locura. Los muchachos no nacen malos y el Estado no debe ser penal, debe cumplir un rol social”, acoplaba a la primera aclaración el Indio.

‘Las increíbles andanzas del Capitán Buscapina en Cybersiberia’, ‘Esa Estrella era mi Lujo’ y ‘Todo Preso es Político’ continuaron con un recital que se ponía interesante, pero que tenía un sonido malo y que no se disfrutaba del todo: era una incógnita lo que sucedía adelante, en las vallas de contención. Sin dudas, algo malo pasaba: a Solari se lo notaba apagado y con ganas de irse. No disfrutó el show en ningún momento.

Una de las características del espectáculo fue que en la lista de temas predominaron los de su etapa solista, que mayormente son más tranquilos. No se sabe si habrá sido por la cantidad de inconvenientes que se vivió en el público, pero la realidad es que así se bajaron un poco los tantos. Se siguió con ‘Flight 956’, ‘Todos a los botes’, ‘Te Estás Quedando sin Balas de Plata’, uno de los momentos más emotivos de la noche con ‘To Beef or Not to Beef’, ‘El Charro Chino’ y ‘Una Rata Muerta entre los Genarios’.

Como siempre el cierre fue de lo más movido, pero el trago amargo se notó otra vez en la manera en la cual el Indio se movía arriba del escenario. ‘Nuestro Amo Juega al Esclavo’, ‘Jijiji’ y ‘Mi Perro Dinamita’ cerraron una noche para el olvido. Casi sin saludar, Carlos Alberto Solari desapareció y la duda quedó en el público. No parecía el final, faltaba algo. Pero no, se prendieron las luces y empezó el desalojo de los presentes.

La seguridad fue nula. Entró mucha gente sin pagar y sin ser revisada. La organización dejó mucho que desear en cuanto a los servicios por los que el público del Indio Solari pagó $800/$850 y viajó miles de kilómetros. Lamentablemente, además de todos estos aspectos, hoy hay que afligirse por la muerte de dos personas que el sábado salieron de sus casas, más precisamente de Los Polvorines y Garín, y no volvieron más. Esta vez los fatales no fueron los tangos.

Por Tomás San Juan
Foto aérea del predio La Colmena

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