Casi un año debió esperar La Plata para presenciar en gran escala a Güacho. En los primeros días de enero hicieron un breve set en Pura Vida y desde entonces, la carretera fue su principal amiga. Fechas en Capital Federal y en otros rincones del país para frenar la sed del escenario. En abril anunciaron –a través de su cuenta en Facebook- que sus conciertos se iban a reducir por “cuestiones nuestras” y lo vivido con la clausura del ambiente cultural en la ciudad.

Dentro de las políticas locales, tanto de la provincia como país, que una de sus presentaciones en el marco del festival “Cultura en Emergencia” en donde se reunirían varias bandas platenses, se frustró por el clima. Desde entonces, con la mirada en frente hacia adelante, comenzó la idealización de la única fecha en La Plata, en el reducto más importante que puede tener la ciudad para grandes conciertos, el Teatro Sala Opera.

Cuando la cancha del Teatro se poblaba a cuenta gotas y pasadas las 21hrs, la banda invitada, Los Antiguos, dieron los primeros riffs de la noche. Los venidos de Buenos Aires abrieron con ‘La peste del sapo’ de su primer disco Simple (2013) para dar rienda a ‘Nervioso y ebrio’ del mismo trabajo. “Queremos agradecer a Güacho por la oportunidad”, comenta el vocalista Pato Larralde, antes recomponer la garganta con un trago de vino y seguir con ‘La gran campana’ del Madera prohibida (2015).

Por entonces, la puesta rock-metal del quinteto formado por miembros de variadas bandas de la escena metalera de capital, hacía de ellos el escenario. Las guitarras de David Iapalucci y Sergio Conforti sonaban concisas en cada movimiento, mientras que el peso de Mow en bajo y el “Huija” Andrés en batería, sostenían los impulsos trash extraídos de Slayer en orden. “Pronto habrá un nuevo disco”, dice Pato para seguir con ‘H.P.V’, ‘El inventor del mal’ y ‘Hecho a mi medida’. Culminan el setlist con Larralde en el público y una ovación por aquellos que se acercaron a verlos principalmente, como los que fueron por Güacho.

Veinte minutos de intermedio,  que se transformaban en horas para quienes llenaban la pista del teatro y quienes estaban tras el escenario. En la platea, familiares del trío platense se acomodaban para verlos de la mejor manera posible. Cuando el corazón se arrancaba del cuerpo, la oscuridad dio comienzo al instrumental ‘Los errantes’. Lisandro, Joaquín y Hernán iniciaban lo que sería el fin del viaje por aguas tormentosas. ‘El hambre y la sed’, ‘A nadie’ y ‘Blues para un planeta rojo’  del Vol. II (2014) le siguieron en la lista.

“Buenas noches”, fueron las primeras palabras que cruzó el hombre encargado de las seis cuerdas con el público. “En serio, gracias por venir ¡son un montón!”, cruzó al finalizar uno de los puntos altos de la noche ‘Sol negro’. El primer gran pogo para Güacho y las energías empezaban a condensarse en una sola. Allá arriba, frente a todos, el trío no hacía más que demostrar el por qué estaban ahí. El sonido envolvía la sala y las líneas del bajo golpeaban al ritmo de los latidos de cada uno.

La noche traería sorpresas. “Vamos a invitar a un amigo, ¡Luquitas!”, dijo Lisandro para que Lucas Barrue -de Picaporters– se colgara la guitarra al hombro y acompañara a los dueños de la fiesta en ‘Vuelo submarino I’. Una de sus obras primas, la oscuridad de las violas y el ambiente generado por la batería de Hernán dieron un quiebre, que para varios en el lugar, les devolvió el alma al cuerpo. El stoner de raíz se hizo más que presente.

Poco más de una hora transcurrieron desde el comienzo para que la banda se fuera a un receso. “Tómense una cerveza, ya regresamos”, y desaparecieron por unos minutos. Shaman Herrera hizo de interlocutor para calmar la sed, “bailen, canten, tóquense”. Güacho regresó y el hombre de la voz en Shaman y Los Hombres en Llamas también lo hizo para agregarle arreglos vocales a ‘El camino’, para luego cantar ‘Casi llorando’ del mismo invitado.

“No saben lo difícil que es para una banda así, tocar aquí. No sé si lo volvamos hacer”, comentó Lisandro Castillo. En estos momentos, en que la política nubla la cultura y busca el cierre constante de estos espacios –la noche anterior, el club Lucamba fue clausurado-, imposibilita a las bandas independientes a mostrar sus trabajos. Lo que culminó en que el trío trasladara su espíritu al Teatro Sala Opera, para dar el cierre a un ciclo, tanto en lo personal como en lo musical.

La velada cerró con ‘Frio verdadero’ y ‘Amanecer en la frontera’, seguramente, esta última con una gran interpretación en vivo junto a Edu Morote en las percusiones, que los acompañó en varios pasajes en la conga, tambor y otros. El faro, el símbolo que usaron durante las semanas anteriores y en esa misma noche, con un foco al fondo del escenario, cumplió su cometido. La nave llegó a tierra. Las marejadas que azotaban el acorazado y que pretendían derribarlo, no bastaron para este trío de platenses.

Este último sábado de octubre será recordado por la música. Por un lado, en la plaza Islas Malvinas se llevaba a cabo la tercera edición del Festival Nuevos Vientos y en calle 58 #770, tres amigos abrazaban sus años de silencioso trabajo. Güacho culminó su año, seguramente, en un día en que el rock platense se levantó con más fuerza que nunca. Pero que nada quedará en el olvido, porque la batalla sigue. Recuerden, no están solos en este viaje.

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Por Juan José Llano Oyarzún
Fotos: Violeta Martínez González

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