Gastón Paganini embolsó “piezas de bajo presupuesto”, y pasados diez años entre trabajos como sesionista y colaboraciones con otros músicos, nos trae un nuevo disco: NAVE. Un álbum distinto. Ecléctico, íntimo. Una propuesta que en su nave, procura viajar y experimentar, alternando entre fragmentos instrumentales y voces profundas.

Más allá de la firma solista, el diseño sonoro le escapa a los trabajos anteriores del platense y afirma un sonido mucho más eléctrico y de banda. Es un disco de climas diversos, unos más oníricos y sosegados, y otros que no le escapan a atmosferas más densas y complejas.

NAVE – lanzado bajo el sello local Cuchá! Discos – muestra a lo largo de doce canciones elementos de todos los géneros. La fusión entre el pop, por momentos algo rock y kraut con inclusión de electrónica y samples, genera una composición tan mutante como exquisita. Doce canciones distintas, en las que ninguna se parece a la anterior.

‘4 rusas’ es la encargada de dar inicio. Un tema instrumental que oscila entre el kraut y el post-rock donde la batería construye un esqueleto para que los sintetizadores tomen el protagonismo, alternando entre fraseos del bajo y guitarras furiosas.

‘Elefante’ y ‘Liffey’, son las canciones en clave balada del disco. Todas coinciden en un intimismo y en voces alternadas que cantan frases casi trovadas diciendo: “cada impulso vuelve a parecer un elefante: inabarcable bestia” o “Algo nace, todo cambia de estado, al correr”.

‘1193’ es un rock por excelencia, portador de una batería kraut y un riff furioso con el grado de distorsión justa. “Despertó así, quiso convencerse una vez más. Ignoró la culpa. Prefirió reír y no pensar”.

Hay tres canciones que parecen estar construidas en la misma clave: ‘Conexión D’, ‘Conexión W’ y ‘Conexión A’. Ningunas superando los dos minutos, funcionan como separadores instrumentales. Siendo los tracks 3, 6 y 9 dividen el disco en cuatro partes y anticipan el estadío del viaje en el que el oyente se encuentra.

Paganini desde 2008 comenzó a viajar y recorrer muchos lugares del mundo y las influencias no pasaron desapercibidas. Liffey es un río irlandés. Rer una estación de trenes en París. Muchos sonidos ambiente grabados en distintos lugares toman fuerza en muchas de las canciones del disco.

NAVE es un trabajo conceptual en donde hasta los silencios significan algo. Un disco que muestra mucha labor y virtud en la que Paganini y sus músicos se pasean entre canciones generando climas y matices tan novedosos como ambiciosos.

Por Matías Angelini

Comentarios