El regreso a la democracia en 1983 fue el escenario propicio para la renovación musical en Argentina. Siempre influenciado por los movimientos culturales que llegaban desde Europa y Estados Unidos, el rock nacional se vio marcado por las tendencias que marcaba el new wave al ritmo de The Police, Joy Division, Talking Heads, The B-52’s, Duran Duran, The Cure, entre tantas otras.

En ese nuevo contexto histórico y cultural comenzó a gestarse una de las bandas que le daría una vuelta de tuerca al rock argentino: Virus. Lejos de lo que proponían los músicos ya consagrados dentro de la escena nacional, el grupo platense llegó para romper las estructuras heredadas del rock clásico de The Beatles, The Rolling Stones, The Who, Led Zeppelin para imprimirle melodías pegadizas, letras polémicas y acercarse más aún al público juvenil.

Gran parte de esa impronta fue obra de su líder, Federico Moura. Nacido en la ciudad de La Plata en 1951, transcurrió la mayoría de su juventud incursionando en el aprendizaje del piano y de la guitarra gracias a la influencia de su madre, una apasionada de la música.

La vida de Federico fue un auténtico vaivén de emociones. En 1977 las Fuerzas Armadas que gobernaban el país secuestraron y desaparecieron a su hermano mayor. En esa misma época formó su primera banda pero al poco tiempo decidió que lo mejor era salir de los límites que le imponía la ciudad de las diagonales y viajar por el mundo.

Ese recorrido por tierras foráneas lo llevó a encontrarse con nuevas modas, estilos musicales que lejos estaban de su alcance en Argentina y que luego se verían reflejados en su creatividad artística y en la puesta en escena que proponía para Virus. La última travesía lo llevó a Brasil, un país por el que profesaba un amor incondicional, donde se instaló por algunos meses hasta que su hermano Marcelo fue a buscarlo para pedirle que fuera el nuevo vocalista de Duro.

En 1981 el grupo decidió adoptar el nombre de Virus y salieron al mercado con su disco debut Wadu Wadu. Sin embargo fue en 1983 cuando la banda se hizo masiva y se consagró en el universo del rock de la mano de Agujero interior. Aunque el público rockero de aquel entonces parecía no estar preparado para lo que ofrecían los Moura y sufrieron infinidad de críticas por sus movimientos arriba del escenario, las bases electrónicas de sus canciones y las temáticas tabú que se abordaban en sus letras, siguieron adelante desafiando los estereotipos impuestos y lograron posicionarse en el foco de la industria.

Cuando la fama ya lo había alcanzado, el público abrazado y sus colegas aceptado, Federico Moura recibió un golpe del que jamás podría recuperarse: en 1987 le diagnosticaron sida. Durante algunos meses continuó al frente de la banda y trabajando en un proyecto solista que nunca vio la luz, hasta que en mayo de 1988 decidió retirarse no sólo de los escenarios sino también de la vida pública. En diciembre de ese mismo año, debilitado por su enfermedad y afectado por una insuficiencia cardiorespiratoria, fue hallado muerto en su departamento.

El final de Federico Moura devastó a la banda que, a pesar de continuar trabajando en material nuevo, nunca pudo reemplazarlo ni volver a posicionarse en lo más alto. Sin embargo, el legado que dejó y las tendencias que trajo para renovar y revolucionar el mundo del rock siguen siendo una de las principales influencias para la música popular argentina.

POR: ALMA CARRASCO

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