El recambio generacional en la escena platense es evidente. Los años de oro del indie van quedando atrás y las nuevas propuestas, cargadas de energía y distorsión, se hacen eco en la ciudad de las diagonales. Esta Generación Renovada –así se definen ellos- destila un movimiento conformado por jóvenes dedicados a la música y el arte como máxima expresión.

“Siempre nos planteamos ese algo bastante rítmico y bailable que pocas bandas lograron en Argentina”

Dentro de este colectivo de bandas y artistas, nace Delfines Entrenados para Matar. El grupo, liderado por el guitarrista Waldemar Krumnack y el vocalista Marcial Cambi, se planta en los principios del post-punk y el surf-rock, recorriendo puntos claves con beats bailables, guitarras aceleradas y un bajo protagonista que remite a lo mejor del afterpunk y la new wave.

“Desde un principio quisimos hacer algo que esté lo menos quemado posible, cuanto más original mejor”, cuenta Krumnack. Esto se evidencia en Cafeína, su EP debut, que fue grabado y producido por Mariano Machao, guitarrista de Reales. “Nosotros decimos que Manchi es nuestro productor porque más allá de habernos grabado aportó su gusto y su perspectiva de cómo tenía que sonar la banda”, enfatiza el cantante Cambi.

¿Cómo nace DEPM?

Marcial: Yo contacté a Walde porque estaba buscando músicos para arrancar un proyecto nuevo. Tenía un montón de tiempo y ganas. Venía de una ruptura amorosa, que se sumaba a la separación de mi banda anterior. Me pasó todo junto y no tenía de dónde agarrarme. Walde tocaba con algunos integrantes de Reales, mucha energía, pilas y ganas de hacer. Eso ya me convencía. Me contacté con él por medio de Iuio (Bruno Da Silva Dias, cantante de Reales) y a la semana ya nos estábamos juntando a hacer música.

Walde: Me llamó para tocar en el 2015. La banda en la que estaba venía cada vez con menos actividad y tenía ganas de hacer algo. Me propuso hacer una música que yo estaba escuchando en ese momento: post-punk y new wave. Y agarré al toque.

Marcial: Una movida californiana muy intensa, con un elemento muy punk pero un sonido nuevo, fresco.

Y ahí salieron las primeras composiciones.

W: Sí. Desde ese momento compusimos y producimos. Teníamos tres o cuatro temas que los masticamos y pulimos hasta el hartazgo, quedando lo que realmente nos gustaba. También en todo ese tiempo estuvimos cambiando de baterista, hasta que se nos ocurrió llamar a Bruno Piglia de Los Cataclismos y ahí empezamos a ensayar formalmente.

¿Qué les dio la llegada de Bruno a los platillos?

W: Más ruido, garaje. Esa impronta.

M: Bruno es un elemento importante porque viene de tocar música surf instrumental y justo es algo que está bastante presente en la música que hacemos. Salvando la excepción de que lo nuestro es más canción, claro. Hacemos música surf o de playa pero estamos a 400km del mar. Y eso está presente también.

¿Qué significa el mar para ustedes?

M: Es algo que añoramos y nos gusta. De hecho yo me hice amigo de Walde cuando nos fuimos a Villa Gesell con varios amigos en común. Hasta surgieron letras de ese viaje. Hay reminiscencias todo el tiempo, sobre todo por la lejanía.

¿Cómo fue la producción y grabación de Cafeína?

W: Originalmente iba a ser un EP de dos temas, que íbamos a sacar en 2016. Pero se fue atrasando todo con el tema de no tener baterista fijo y las complicaciones que conlleva el proceso de grabación, sobre todo cuando es a pulmón o con un grupo de trabajo que quizás es la primera vez que graba. Grabamos casi todo en nuestras casas, con Mariano Macho, guitarrista de Reales.

¿Cómo fue esa experiencia?

W: Antes que nada, no queríamos salir a tocar sin tener un material grabado y publicado. Trabajamos sobre maquetas que fuimos haciendo, pero la grabación se tornó larguísima. Lo hicimos largo para quedarnos lo más conformes posible.

M: Significó el inicio de la banda. Formalmente el nacimiento es juntarnos en la sala con la formación consolidada. Más allá de que el nombre y las canciones estaban, la grabación fue el leitmotiv para hacer muchas cosas más.

Hoy muchas bandas graban de forma “casera”.

M: Está buenísimo el hecho de poder hacerlo en nuestras casas. Nosotros decimos que Manchi –por Machao- es nuestro productor porque más allá de habernos grabado también aportó su gusto y su perspectiva de cómo tenía que sonar la banda. Digamos que lo coprodujimos. Ambos teníamos en la cabeza cómo queríamos que suene la banda, pero Manchi terminó de darle la identidad, el sonido que quedó. Para mí el EP tiene mucha identidad.

Remarcan mucho el hecho de ser originales. ¿Cómo se logra hoy con la globalización?

M: Las influencias están. Hay un montón de cosas en las que nos basamos pero sigue habiendo una cosa más ecléctica. Por ejemplo, cuando Bruno entró a la banda nos terminó de definir. Nos dimos cuenta que teníamos cosas de muchos géneros. Siempre nos planteamos ese algo bastante rítmico y bailable que pocas bandas lograron en Argentina. Ojalá que el día de mañana digan que el disco de los Delfines suena a algo pero que la etiqueta no se la pongamos nosotros.

¿Qué me pueden contar de la Generación Renovada?

W: Nació para reivindicar la distorsión y el quilombo por sobre la calma que el indie platense instaló. Si armás un árbol genealógico y pones a El Mató a la cabeza muchas bandas que siguieron sacaron cosas de ahí o se parecen bastante. Por suerte lo estamos cambiando, queremos romper con eso.

M: Igualmente no tenemos nada contra eso, solo nos diferenciamos. La palabra indie quedó grabada por una camada de bandas y un sonido muy característico, y para mi viene de lo independiente. Nosotros estamos cercanos al indie en la concepción de hacer las cosas por nuestra cuenta. Queremos ser una banda que pueda convivir con un montón de sonidos diferentes, pero con algo fresco.

¿Qué se viene para el futuro cercano de Los Delfines?

W: Ahora estamos cerrando un par de fechas para lo que queda del año. No pretendemos mucho más con el EP. Lo que resta es componer y empezar a grabar el disco a principios del año que viene.

M: Lo importante es llegar a la mayor cantidad de gente posible. En lo pronto queremos hacernos un lugar en La Plata, pero también creo que queremos trascender lo antes posible.

Por Tomás San Juan
Foto: Luciana Demichelis

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