El reloj marcaba las 17.20 cuando, bajo el cielo gris que cubría la ciudad, Ramiro García Morete asomó por la esquina de 8 y 61. Vestido completamente de negro, con una campera de cuero y un jean ajustado, su figura alta y delgada se distinguía con facilidad entre la gente que salía de la Facultad de Bellas Artes.
Mientras le daba un sorbo al café que pidió apenas se sentó en el pintoresco bar de esa esquina, la verborrea que lo caracteriza se abrió paso para hablar de su infancia. De su viejo, por ejemplo, heredó la pasión por el jazz, el blues y la música negra en general.
De chico también descubrió una pasión por la rima que lo marcaría hasta el día de hoy. “El primer recuerdo que tengo de pibe era que agarraba una paleta, me ponía una camisa de flores y cantaba historias en las que el remate era siempre el mismo: ‘y vino Doña Tota que me dejó en pelotas’. No hay un momento en el que no estuviera jugando a la música”.
A pesar de que desde temprana edad mostró interés por crear canciones, fue recién a los 17 años cuando tuvo su primera guitarra, empujado por las ganas de aprender algunos acordes y darle así melodía a sus letras. “Yo hacía canciones, pero no tenía guitarra. Siempre las hice caminando porque lo más importante para mí era, y es, el ritmo. En un momento decidí que quería aprender así que me dibujé en un papel el mango de la guitarra y los acordes principales, hasta que a los dos meses conseguí una y empecé a tocar.”
Por aquellos años la vida también lo llevó a estudiar periodismo, aunque enseguida entendió que esa carrera no era lo que le interesaba. “Pero igual terminé y me recibí. Ejercí por un tiempo la profesión con mucha ética y dignidad, pero ahora estoy feliz de no trabajar de periodista. Y aunque tengo la suerte de tener un programa de radio hace algunos años, ahí sólo soy un músico hablando de cosas.”
En la actualidad, sin embargo, se desempeña como docente en la facultad tratando de transmitirles su experiencia a los chicos y ayudándolos a descubrir si eso que están haciendo allí es lo que realmente quieren.

Pero, por supuesto, toda su energía está puesta en Las Armas Bs. As., la banda de soul bonaerense que formó junto a sus amigos y con la sacó en el último octubre Vol. I, su primer disco de estudio. Y allí, desde ese lugar, sigue haciendo lo que más le gusta: jugar a la música.

Por Alma Carrasco

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