En los últimos días se viralizó la noticia del Batman solidario, que es ciudadano platense y que comenzó sus acciones el mismo día de la inundación que sufrió nuestra ciudad en abril de 2013. Por su parte Bort publicó recientemente su disco debut online y dispuso que la totalidad de la recaudación por las descargas sea transferida a la cuenta bancaria de la Cooperadora del Hospital de Niños de la Ciudad de La Plata.

¿Qué tienen que ver ambos acontecimientos? En principio la constatación de que a pesar de los difíciles tiempos contemporáneos, por suerte en nuestro país la solidaridad no falta y suele aparecer como en estos dos casos. También en ambos hechos hay referencias a cierta oscuridad que es utilizada al servicio de causas nobles: Por un lado el relato del Caballero de la Oscuridad y sus legendarios traumas, encauzados esta vez para la palpable ayuda al prójimo. Bort por su parte utiliza su música pesada al servicio de la solidaridad. Es que, pensándolo bien, si Batman fuera músico ¿Por qué estilo se inclinaría? Algo oscuro sin dudas. ¿Post punk? ¿O un heavy/hard rock con tintes épicos? Pues esto último es lo que destila el primer álbum de Bort. (Paradójicamente una canción se llama ‘Vampiros’… por si quieren seguir fantaseando con esta rama de baticonexiones)

El gesto de no percibir ingresos por su álbum hace parecer, en principio, que los integrantes de Bort hacen su música más allá de la necesidad económica inmediata que muchas veces influye directamente en una obra. Y es en ese deseo de crear música, donde tienen bien aprendidos los ABC de los géneros pesados. A lo largo de los doce tracks que contiene San Saru no faltan la distorsión, los golpes machacantes de batería o los cambios en los rangos vocales que van desde rugidos graves hasta alaridos osados. Está la apelación a los altares, las cruces, el infierno, cuervos… todos elementos que pueden resultar clichés por momentos pero ¿Qué sería del heavy metal sin ellos? Las referencias más hard rock se notan en canciones como ‘Confidentes’.

Quizás sea la sugestión por determinado suceso reciente, pero en la canción ‘Nora Rambert’ por momentos se escuchan gritos de la voz de Fernando Gambaleri con ciertos ecos del mejor Chris Cornell. Es que, después de todo, si hubo una banda con cercanía al metal dentro de la escena grunge, esa fue Soundgarden (con la compañía de Alice in Chains en ese aspecto).

El álbum fluye por esos terrenos mayoritariamente, aunque hay dos excepciones: La primera es la de la letra de ‘Gordo’. “Peine, broche y mocasín. Me peiné con cheseline”. Si te hacen leer la letra sin escuchar la canción, te la jugás con que es un tango. Es un saludable desvío artístico. La otra excepción está al final del disco con ‘Presas’ donde aparece un blues – padre del rock si los hay -. Una encarnación dentro del sonido de la banda cruzando influencias del blues blanco a lo Zeppelin y del Gary Moore más blusero.

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