Voz, guitarra, acompañamientos y autogestión, nada más necesita Diego Billordo para ensamblar sus discos y las numerosas presentaciones que tiene en su cuerpo. El uno de julio publicó Punk de Fogón, su onceavo disco, un EP de cuatro canciones que se nutren de un rasgueo constante junto a su fraseo, con sonidos que van pasando del indie al mismo punk en algunos tramos, de la trova latinoamericana al folk más consagrado. Es una disputa entre Jim Morrison y Joe Strummer, dos íconos lejanos que se reencarnan en el cantante platense.

El trabajo abre con “Rayen Calfú”, de frases concisas para una declaración de amor, de constelaciones y una flor azul. Dos guitarras van dando la armonía entre los acordes del rasgueo y el punteo, bañados en el shakers que no cesa sus funciones. Un punto alto es “Amor, autogestión libertaria”, que arranca con el ritmo de un teclado como si fuera un xilófono desenfrenado, sacado de una película de Disney o Pixar, funciona ideal para cantar a sus viajes, a esos lugares perdidos donde se ha presentado (“Diarios de motocicleta/Como de Ushuaia a la Quiaca”), todo a través de sus pulmones.

Como si estuviera invitándonos a su casa se lee “Fraternal”, una construcción de una tarde en donde él más tranquilo puede estar, alrededor de perros y gatos, al calor familiar, que acaba con el sonido de un órgano en las teclas de Ricardo Penayo, uno de sus invitados en el disco. El EP cierra con “Mi-Do”, un manifiesto a lo que es él, trayendo el recuerdo de una presentación de 1996, puede ser de él o no, pero ese momento quedó para siempre. Un tema pegado al punk, pero con su propia clave, esa de guitarra de madera y párrafos precisos.

Esta es la muestra de que han pasado veinte años pero Billordo sigue de pie, de frente sin bajar sus brazos de la independencia musical. Con un cancionero que amalgama bien en estas breves canciones y que te muestran que los estereotipos no van con él. Diego se atrevió a mezclar estos sonidos sin dejar de lado su particularidad, el Lo-fi. Un EP para ser tocado en la oscuridad del bosque platense y alrededor de algunos leños ardiendo, con los mismos que han estado junto a él durante estas décadas y aquellos que se han sumado al viaje en motocicleta.

Por: Juan José Llano Oyarzún

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