El primer álbum de Antuantu fue definido por él mismo como “Una aventura musical cósmica”. Definición que tiene bastante asidero cuando se lo escucha. Porque este trabajo nos sumerge en un universo interesante por la variedad de recursos rítmicos, sonoros y de texturas que ofrece.
Son siete canciones que bucean por la búsqueda neo psicodélica y experimental que el músico ya viene haciendo a la par con la banda Nunca fui a un Parque de Diversiones. En ese trío Antuantu es (entre varios roles) el baterista y esa huella se nota en Une, donde las métricas rítmicas no usuales son la constante.

La cantidad de arreglos que inundan al disco le dan una predisposición lúdica y experimental que bien le sienta con sus improntas aniñadas. “No soy normal, ni especial. Quiero jugar y también molestar”, canta en ‘Nadie’. Algunos títulos adelantan sus contenidos, como es el caso de ‘Círculos’, por ejemplo; que contiene por momentos ecos que se transforman en bucles atractivos a la escucha.

Otro caso similar es la canción ‘No todo es matemático’, que revela cierta ironía a la generalidad de este tipo de música que suele ser muy calculada y cae muchas veces en el polémico mote de math rock. Pero bien Antuantu lo dice: No todo es matemático y ahí es cuando entra la pericia artística.

A pesar de que estas son canciones que acompañan al músico desde hace años y diferentes etapas (por eso lo de primer álbum que se entienda más como “primer long play”), a lo largo del álbum la producción permite que los tracks queden bien encadenados y se hagan agradables en su tránsito.  A diferencia de su trabajo en Nunca fui a un Parque de Diversiones, en Une el músico hace primar más el concepto de canción pop por sobre la experimentación salvajemente tribal que suele tener en su banda paralela.

Quizás sea la mitología de los duendes del bosque que Antuantu mamó en su infancia en Bariloche, pero lo cierto es que en Une la atmósfera freak roza por momentos las canciones iluminando la modorra musical que reina en estos tiempos. Un disco del futuro pero que a su vez nos toca en los más ancestrales vestigios de nuestros espíritus. Por la unión, por la paz y por el amor que lo inspiran.

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