Ya desde el “Toma 2. Amariyo toma 2” que se oye en el inicio de “Intrapeposa”, la primera canción del disco, vamos adaptando el oído a lo que vamos a escuchar: Un disco grabado al calor de lo instantáneo y lo urgente. En Paraísos Fiscales, Amariyo explicita desde el vamos la intención de abrazar el low fi setentoso confiando en que el fondo del asunto es la composición de buenas canciones. Y en este disco las hay.

Grabado en vivo en los estudios de Sala Carihuela, casi todos los tracks son segundas tomas de un solo día de registro. Hay referencias estilísticas a Neil Young o el Led Zeppelin mid tempo. Incluso por momentos el sonido de la grabación le da cierto aire subterráneo creando un clima brumoso de bar de bajofondo. Se pueden reconocer ecos del clásico estándar sonoro que patentaron los Rolling Stones en Exile on Main Street. Implícita la referencia o no, los ingleses grabaron ese disco escapando de las islas británicas para no pagar los altos impuestos y hoy Amariyo linkea titulando a este disco Paraísos Fiscales.

Que el título del disco tenga ese nombre no es inocente ya que la banda suele jugar con la ironía desde sus letras. Algo de eso hay en, por ejemplo; la “Canción del empresariado” donde Estéfano Baggiarini canta: “Un día todos mis dolores se devaluarán. Ya no habrá tabaco pero las cenizas quedarán.” Sí, tampoco falta la referencia coyuntural a Panamá o Bahamas.

Queda la incógnita de cómo sonaría Amariyo si pudiese acceder a una grabación más profesional, claro. Porque luego de de la escucha flota la sensación de haber oído una versión naked de un buen disco. Canciones, melodías y química hay. Pero de momento habrá que esperar para el sonido “Pro”. Aunque la banda le escape a ese mote.

Por Nicolás Arias

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