Por Juan José Llano Oyarzún

En los últimos años, el rock en su esencia más pura, ha dejado de ser ese motor que se le adjudicó en décadas pasadas como el vocero de las injusticias sociales. El estallido de géneros como el punk en los setenta o el punto álgido del heavy metal en los ochenta, ya venían con la tesis que a futuro se comprobó: son los estilos socio-musicales del marginalismo quienes tomaron el liderazgo. El problema radica en la visibilidad, los medios y el público le entregó relevancias distintas a cada uno.

En lo que va del año, pocos discos nacionales han tenido una característica pura de crítica social en sus letras o en el concepto que gira en el mismo. Los de M.O.S.H. practicaron una jugada peligrosa en su segundo álbum Las distancias que acortamos, líricas cargadas a un descontento que va desde quienes están sumidos en la política como quienes marchan en las calles.

Lo trabajado por los platenses es una línea que privilegia el metalcore por sobre los pasajes del hardcore melódico, el mismo que a fines de los noventa comenzó a crecer en Argentina, y así dejando la carga en un estilo que en el país poca repercusión ha tenido en el tiempo, aunque hoy en día esté más presente.

Las redes utópicas que produce la escucha del álbum es la de un mundo dominado por los de “Fsociety” –si no han visto la serie Mr. Robot, véanla- en búsqueda de desmontar los cimientos gubernamentales de la sociedad y dejarla en la dependencia de las cibertecnologías como articuladores de consentimiento. “Sus promesas nunca fueron reales / todo el dinero en paraísos fiscales”, exclaman en ‘Levanta tu voz’, en un mensaje directo a quienes hoy están en el poder. Sí, tal vez esa utopía no sea un invento.

Las distancias que acortamos es un disco que va de la mano con las inquietudes propias: un grupo de amigos que no busca la canción fácil para bailar o un estribillo pegajoso que se repite constantemente. De hecho, las prosas están bien armadas y en eso hay que detenerse, las letras tienen una construcción que va en mejoría en las diez canciones que componen el álbum.

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