Creo que nunca podría elegir mi disco favorito, porque siempre estaría esperando el próximo favorito, ese sería aún mejor. Por eso en este caso, aquí y ahora, elijo a la banda nueva de Thom Yorke: Atoms for Peace y su disco Amok (2013). Y no es casual que la elija. Estuve pensando qué, quién, cómo y por qué di un giro de 180 grados y resignifique mi música, tomé un camino inexplorado por mí y de una seducción descomunal. El mundo de la electrónica, la experimentación y el dub, me atrapo para no soltarme más.

Y aquí aparece el responsable, el cantante de una de mis bandas favoritas, Radiohead; banda que nunca se estanca, que siempre dice algo nuevo, que su búsqueda es interminable y que le marca el camino a tantas bandas del mundo. Yorke es un músico inagotable que con sus fraseos vocales te ofrece el viaje de ida, como diría el poeta francés Arthur Rimbaud: “siempre adelante, nunca es demasiado lejos”.

Luego de volármela con Radiohead, aparecieron unos discos de Yorke solista que movieron fibras desde hace unos años hasta estallarme la cabeza el 2017 y decidir tomar este rumbo. Atoms for peace no solo contiene a Thom Yorke, sino que también lo conforman Flea (Red Hot Chili Peppers) en el bajo, Nigel Godrich (productor de Radiohead), Joey Waronker (Beck y R.E.M) en batería y Mauro Refosco en percusión. Las canciones de Amok están entrelazadas por hebras de un mismo ADN sin perder la frescura y novedad en ningún momento, llevándote por lo más oscuro y abismal, sumergiéndote en el viaje electro-psicodelico del que Yorke se vale constantemente. Es un disco del siglo 21 sin dudas, por lo tanto, y volviendo a Rimbaud: “Mantener el paso ganado. Hay que ser absolutamente moderno…”

Por Lucas Vanza – Las Fuerzas Extrañas

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