Ok: La tapa del disco nuevo de El Estrellero despertó polémica. Metámonos entonces de lleno en ella. ¿Qué vemos en ella? Un retrato del líder norcoreano Kim Jong-Un aplaudido por un nutrido grupo de soldados. La imagen llevó a Spotify a negarle sus servicios hasta que cambiaran esa portada. Como hemos visto en muchos medios, cierta parte de la sociedad estima que referir en la esfera pública los asuntos sociales es censurable y prefieren denostar esas actitudes antes que realizar análisis reflexivos, críticos y colectivos, necesarios para consolidar la madurez democrática.

Pero entonces ¿Es el nuevo trabajo de El Estrellero una apología al régimen norcoreano? Las conclusiones literales no se llevan muy bien con el arte, así que no podemos afirmarlo. En un principio, y si afilamos la mirada, vemos que el “Líder supremo” está vendado y con las manos por detrás de su espalda en un gesto reconocible en escenas de fusilamiento. No es un gesto muy “partidario” que digamos. ¿Está en contra entonces? No hay certeza tampoco ¿Importa? Eso se lo tendrían que preguntar quienes habilitan (y censuran) la reproducción de música en Spotify. Pareciera que el eje va más ligado al concepto de la ironía como recurso compositivo en un álbum de rock. Quizás así deberían verlo los pulgares de los Césares digitales implicados en las plataformas de streaming. No sea cosa que de repente descubran elementos políticamente subversivos en discos de intocables como Pink Floyd, Bob Dylan o Charly García.

Volviendo a la portada vemos que las caras de los soldados fueron suplantadas en sus rasgos humanos por fondos celestes turquesas de mares, cielos o plácidas montañas… todos escenarios de contemplación. Contemplación que El Estrellero ejerce en este segundo CD buscando las melodías que mejor se acomoden a su formato de canción. Si bien en algún momento Lautaro Barceló y Juan Irio (núcleo fundacional de la banda) declararon que un primer norte musical fueron las melodías de Big Star, en el presente el quinteto consolida aún mejor su propio sonidoa través de finos diálogos entre las guitarras, bases rítmicas precisas que están en función de la canción y un atinado papel de los teclados creando colchones sonoros que realzan la música grupal.

El primer tramo de Los Magos profundiza en el indie épico presentado en Drama, su placa debut, con tracks como ‘El Deseo De Fascinar’.En el cuarto tema, ‘El Metal’, se escucha una buena aplicación de la simpleza para hacer una buena canción: El ritmo algo marcial, algo blusero del inicio va marcando la tónica hasta desembocar en un estribillo que los linkea con las melodías coreables de Pérez. Ya a partir de ‘Huye de mí’, con ‘Medalla’ y ‘Alborada’ sucediéndola, se viaja por una tríada de composiciones de buena elegancia pop, con reminiscencias babasónicas en algunos fraseos dargeleanos.

El cierre musical es con ‘Gaviotas’ que oficia de coda perfecta con una cadencia pacífica que de fondo deja sonar un leve ruido que no sabremos identificar entre un misil zumbando en los aires o el majestuoso viento que se oye en los altos de las cumbres de heladas montañas.

En lo que respecta a lo lírico, las temáticas rondan por los terrenos de las relaciones entre personas (que hay que recordarlo: siempre son políticas). Con ese fin, los dados van jugando con líneas que referencian devociones, dominaciones, subyugaciones, ansias de libertad y otros tópicos aplicables al amor, la guerra o la política. El oyente dará su propio veredicto.

Por Nicolás Arias

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