Por Nicolás Arias
Foto: J.C” Fotografía

Sig Ragga estuvo el sábado pasado en el Teatro Sala Ópera presentando La Promesa de Thamar, su nuevo disco. La banda santafecina desarrolla un vivo muy interesante y distintivo lo que hace que ver y escuchar a este cuarteto sea una experiencia que escapa al lugar común de un recital de rock. Por eso, finalizado el show no es raro que se hayan oído diálogos como el siguiente.

  • – ¿De dónde venís?
  • – De ver a Sig Ragga, en el Ópera.
  • – ¿Sig Ragga? “Ragga”… ¿Qué hacen? ¿Reggae?
  • – Ponele… un reggae progresivo… algo así.
  • – ¿Reggae? ¿Mucho rasta hubo?
  • – Mmm… no tanto. Más que la incorporación de rastas a la cabeza, los que estaban ahí esperaban mover la cabeza al ritmo del “everything’s gonna be all right”, sin importar los arreglos capilares. Varios fueron por eso y disfrutaron canciones como ‘Severino Di Giovani’. Pero ojo, no te creas que son sólo una banda más de reggae. Eso es apenas un elemento de ellos. Otros fuimos por sus concepciones progresivas.
  • – ¿Sí? ¿Progresivas? ¿Onda Emerson Lake & Palmer?
  • – No, no. Tampoco tan intrincado, por suerte. Más bien es un progresivo experimental… digamos: climático. La canción ‘Un grito impotente’, por sonido bien podría estar en algún disco del Genesis de Peter Gabriel. A ese clima progresivo me refiero.
  • – O como los Beatles. De hecho algunos dicen que Harrison acuñó el término progresivo.
  • – Bueno, sí. Ponele… Por ese lado también. De hecho tocaron ‘Chaplin’: una canción re lennoniana. También por momentos intercalan melancos onda Erik Satie. Pero incluso ahí no se termina su propuesta. Por momentos mandan unos cambios de tiempo desquiciados medio balcánicos, turcos que te pueden quebrar el coxis si los querés bailar. Las canciones ‘Matata’ o ‘Rebelión de Esclavos técnicos’ son así. Con similitudes a las ideas de Mr. Bungle ¿Viste?
  • – Ah, capaz que se armó pogo ahí.
  • – ¡¿Qué?! No ¡Ni a palos! El público de Sig Ragga no se quiere perder detalle musical revoleando la cabeza. De hecho, entre canción y canción a veces se hace un silencio total que, interpreto, refleja la expectativa y la asimilación de la información musical que la banda te ofrece.  Porque estos músicos no hablan entre canción y canción. Apenas – y a veces – hacen gestos pidiendo palmas.
  • – Eso no es común en los recitales en el Ópera.
  • – Por eso te digo. Lo de estos chabones es algo distinto a lo habitual en un show de rock. No hay demagogia. Y además se plantan en el escenario vestidos con unas especies de túnicas blancas y ellos con la piel pintada de plateado. Tienen esa actitud del personaje artístico que crea desde ahí. Como diría Oscar Wilde: “¡Dadme una máscara y os diré la verdad!”.
  • – Claro, máscara o pintarse. Re Bowie eso de pintarse. ¡Re marcianos!
  • – Yo pensaba lo mismo mientras los miraba. Pero después me acordé que a Björk, que también hace una música tan poco común, le dicen que es una extraterrestre. ¡Y minga! Porque catalogar de marciano a un artista es, de algún modo, despojarlo de su humanidad… ¡Ojo! Y tanto la islandesa como estos chabones son bien terrenales, eh. Sólo que saben que los terráqueos podemos ser más originales. Y lo aprovechan, salen de la mediocridad imperante en muchas músicas contemporáneas. ¡Hagamos metamorfosis constantes!
  • – Uh, qué profundo te pusiste.
  • – Es que no los viste aún. Si ni bises hacen. Después de despedirse te dejan sonando una canción melancólica medio estilo Europa del este a inicios del siglo XX. ¿Viste esas escenas en las películas donde quieren graficar la tristeza de la Primera Guerra Mundial? ¿No dicen que ahora se viene la tercera? Bueno, así lo terminaron ¡Y era sábado a la noche!
  • – ¡Jaja! Son distintos definitivamente. Y con tantos intentos tuyos de referenciármelos con otros músicos, deben ser muy originales. La próxima no me los pierdo entonces.
  • – Si querés música que te desafíe, no lo dudes.
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